miércoles, 22 de agosto de 2012

Con la cabeza entre las piernas.






Si alguna vez mandaste un mensaje diciendo “¡Vamos las putas! No van a ser tías.” lamento decirte que: a) sos una boluda que no puede seguir un caminito de pastillas; b) estás haciendo las cosas mal. Muy mal. En realidad, mordés la banquina y te llevas el guardarrail puesto. Así de mal es que estás haciendo las cosas. Igual, ¿quién soy yo para juzgarte? Todos nos equivocamos. Los errores son parte de la vida. No me parece muy justo pero no hay nada que se pueda hacer. Es una ley universal y por ende incuestionable. En el Carrera de Mentes iría dentro de las preguntas de Cultura General y llevaría opciones de respuesta para los más lentos: “¿La gente se manda cagadas? Si/ No”. El problema es que…

“Flaca, ¿Querés porro?”, me dice un tipo. Porque no era ni un pibe, ni un flaco, ni un panecillo. Era un tipo con todas las letras. Yo pienso: ¿No ves que estoy ocupada, mierda? Me cortas la inspiración. “No, gracias. No fumo”. Y sí, te lo digo con un pucho en la mano. Reflexión interna: No me molestes. No ves que estoy mal. No estoy pasando por un buen momento. Es un domingo a las cuatro de la tarde. Debería estar tirada en la cama un buen choma todo tatuado y, en lugar de eso, estoy en el medio de una plaza gigante rodeada de parejitas al sol tomando mate y  yo en la sombra, cagándome de frío y más sola que alíen de tres tetas con lepra. ¿Qué es lo que pensás? No flaco, no me voy a ir con vos. No estoy tan desesperada. Bueno, si lo estoy pero no creo que se note tanto.

Volvamos al tema que nos compete. Como decía, todos nos equivocamos. El problema es que algunas personas pensamos con la cabeza entre las piernas. Nos dedicamos a idear  boludeses y llevarlas a la práctica. Y ni hablar de lo que pasa cuando todos los boludos nos juntamos. Pueden salir cosas tremendas de ahí. Es como que tenemos un imán. Los boludos nos juntamos con los boludos no tanto para sentirnos menos boludos en comparación con el resto, sino para saber que no somos los únicos. Es que es necesario tener alguien al lado tuyo cuando dudas en mandar un mensaje de texto para que esa persona le dé al “eviar” y lo envíe sin autorización, aprovechando un momento de distracción en el que te quedaste mirando una pelusa flotando en el aire. Y después, cuando no te contestan el mensaje porque en realidad no le gustas y nunca le gustastes y él está con otra mina de flequillito y gomas grandes que está mucho más buena que vos, esta persona, esta boluda que tenés al lado va a pensar posibles razones justificadoras de por qué no te respondieron en lugar de decirte: “¿Sabés qué, flaca? Sos patética. Cuanto antes lo aceptes mejor para todos”. Igual el error fue tuyo. No solo por mandar ese mensaje (me acuerdo y me das vergüenza ajena) sino porque tus supuestas autodenominadas amigas piensan con la cabeza entre las piernas y vos conociendo sus experiencias pasadas y teniendo información de primera mano de que nunca en su vida pegaron una, les hiciste caso. Eso ya es, y perdón por el lenguaje, pensar con el culo.


Imagen: "The seven year itch" (de Dilly Wilder)

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