miércoles, 26 de diciembre de 2012

El regreso de los muertos vivos.











¿Ustedes no coinciden conmigo en que el regreso a casa es un momento de total introspección, autoevaluación y replanteamiento de hacia dónde carajo va nuestra patética existencia? Caminando por la calle un domingo a las dos de la tarde, en tacos, maquillaje corrido y chupones en el cuello (cual púber quinceañera) te hace, indefectiblemente, poner las cosas en perspectiva y preguntarte el por qué de ese instinto animal que te hace arrastrarte y rogar un poco de contacto humano. La reincidencia es un mal que te carcome en cuerpo y alma. Síntomas: la soledad. Uno nunca hace tantas b#ludeses como cuando se siente solo. Además, como a la vida le gusta joder con las mentes de los emocionalmente inestables, en esos momentos, parece que todos fueran capaces de encontrar a esa otra mitad que errante naufragó por la vida incompleta hasta que se encontró con ese otro medio pedazo perfecto y se convirtieron en uno…Perdón. Tuve que parar para vomitar. Bueno, como decía, al parecer le toca a todos menos a vos. Y ahí es cuando sucumbís ante la desesperación y mandas ese mensaje que nunca has de mandar. Regla de oro: nunca revivas un muerto. Va a venir a chuparte el cerebro.
Te voy a “cantar la posta”: te despertas. Mirás al costado y te agarrás la cabeza con las dos manos. Por más que cierres los ojos y cuentes hasta veinte no va a desaparecer. Esto no es un sueño. Sí. Lo hiciste otra vez. No hay sentimiento peor que el remordimiento del día después y esa vergüenza ajena que en realidad no es ajena sino todita tuya. Todo empieza cuando estás tirada en tu casa mirando las moscas revolotear sobre la mugre que llamás pila de ropa para guardar. Caes en la cuenta de que cada segundo que pasas en horizontal mirando hacia la nebulosa te acerca un poquito más al ocaso de tu vida. Entonces te invade la tristeza. El tiempo pasa y no te estás volviendo lo que se dice joven. Si sos mujer se te cae todo. Si sos hombres las cosas ya no suben con la facilidad de antes. Ahora esa tristeza de la que hablamos antes se volvió angustia para después pasar a ser depresión con arranques de ira. De pronto ese desperdicio de ser humano con el que salías no se ve tan mal y te preguntas: ¿Y si le hablo? ¡NOO! La respuesta correcta es NO. ¡¿Me escuchaste?! ¡NO! Parate y hace algo. Alejate del teléfono. Cerrá el chat. Ocupa tu mente en otra cosa. Hay un montón de actividades totalmente improductivas que podés hacer. Ponete a ver el especial de Los Simpsons en Telefé, hacete una paj@. No sé. Si es necesario cortate los dedos de la mano con una sierra oxidada pero hagas lo que hagas no le escribas. Pensá: si justamente vos, la persona más patética y arrastrada que conocemos, se pudo dar el lujo de ponerlo en el frízer (o frízer, o frisser, o frizseerr. La verdad, no sé) claramente esa persona está en la base misma de la cadena alimenticia y no va a tener cosa mejor que hacer que responder a tu llamado de ave de rapiña en celo. Revivir a un muerto no es chiste. Sino más bien un camino de ida. En cuanto asomas la cabecita para tantear el terreno ellos despiertan de su eterno descanso. Abren sus ojos empolvados, extienden sus miembros engangrenados (Ehhh…no. Miembros también puede referir a brazos y piernas) y comienzan a caminar inarticulada pero velozmente hacia vos haciendo gemidos estrambóticos que no sabes si son alaridos de dolor o es la calentura acumulada. Y, a pesar de tan tétrico panorama, ¿vos qué haces? Salís corriendo a su encuentro como una débil mariposa que vuela directo a la tela de araña para que le arranquen las alitas y le succionen las tripas. Una vez que los tenés de cerca ya no parece tan buena idea haberlos despertado. Mientras estás sentada en un bar de ping pong tomando cerveza caliente añoras aquellos momentos de soledad y paz en los que te tirabas en el sillón de tu casa a stalckear gente en internet y te preguntas qué necesidad había. Y sí. Ahora que ya pasó todo analicémoslo fríamente: ¿Qué es lo que te hizo creer que estar con alguien que no tolerás te puede hacer sentir mejor con vos misma? ¿Te das cuenta donde falló la ecuación, no? Además de en el punto en donde depositaste toda posibilidad de felicidad en otro ser humano, especie traicionera si las hay, sin ningún motivo válido aparente a pesar de que la historia mundial y, principalmente, la tuya te demuestran que deberías de hacer lo contrario. Por algo es un muerto. Lo único que querés hacer ahora es acelerar el proceso para retornar cuanto antes al hogar y dejar todo esto atrás. Lo más triste de todo es que ahora te sentís peor con vos misma que antes. Usada. Casi que violada. ¿Y todo por qué? Porque como siempre, te sentís sola. Te voy a contar un secreto. Esto va a solucionar tu vida. Ahí te va: nadie es realmente feliz y todos estamos solos. Las personas somos unos hipócritas que nos engañamos a nosotros mismos a fin de no tener que esforzarnos en analizar aquellas cosas que damos por sentadas. Mi teoría es que es todo una estrategia de mercado para aumentar las ventas de peluches y comestibles altos en calorías.
Entonces, la próxima vez que te sientas sola pensá en esto y reprimí esos sentimientos asquerosos y nauseabundos hasta que se conviertan en un tumor maligno o te agarre gota, como hacemos todas las personas normales. Pero hagas lo que hagas no sucumbas ante la necrofilia. Te podes agarrar algo.


Imagen: "Night of the living dead" (de George Romero)

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Intertextualidad Emocional III


Maga:

La verdad es que no sé por qué estoy haciendo esto. Me siento un imbécil. Esta carta fue más un impulso que un deseo, como todo lo que hago siempre. Necesitaba darle algo parecido a  un cierre a todo esto que no tiene ni pies ni cabeza. Quería decir todo eso que entre tantos gritos, tanta puteada y tanto orgullo herido nunca te pude decir. Pero ahora no sé. Me parece tonto. Igual lo hago porque como sabes me encanta el sin sentido y porque, por más de que los no lo quieras escuchar, hay cosas que aunque ya sabés yo necesito decirte.
 Desde el principio vos sabías que yo era así. Siempre te dije que no era para vos y que solo estaba mejor. Nunca soporté a tus amigas, no me interesaban tus problemas en el instituto y prefería respirar mercurio antes que ir a casa de tu familia. Pero creo que también tenés que saber que no siempre soy lo que muchas veces parecí ser. Y que cada vez que te lastime me dolió más a mí que a vos. Pero nunca lo pude evitar. Vos bien lo dijiste: el amor no siempre alcanza. Y bien sabemos que ni yo ni vos juntos somos suficiente.
También quiero que sepas que si no te devuelvo los discos de tu vieja no es porque quiera lastimarte sino que es porque cada vez que apoyo la púa del tocadiscos sobre ellos ese chillido molesto me hace pensar en vos. Irónico ¿no? ¿Coincidencia? Quizás. De una forma u otra me hacen acordar a cuando te sentabas en camiseta y shorts gastados los domingos en el balcón a escucharlos mientras los reacomodabas en la caja. A veces por orden alfabético, otras por género. Incluso por cantidad de canciones que tenían. ¿Viste como sí te presto atención? Creo que tus TOCs son lo que más odio y también lo que más voy a extrañar.
Ahora voy a dejar de escribir porque estoy perdiendo filtro y control de lo que digo. Todavía sigo preguntándome que es lo que pretendo con esto. Sé que no quiero que vuelvas y aunque lo quisiera vos no lo harías. Pero supongo que también es porque quiero que sepas que aunque me arruinaste la vida, gracias a sus putos caprichos, siempre vas a ser lo mejor de ella.


Javier.