¿Ustedes no coinciden conmigo en
que el regreso a casa es un momento de total introspección, autoevaluación y replanteamiento
de hacia dónde carajo va nuestra patética existencia? Caminando por la calle un
domingo a las dos de la tarde, en tacos, maquillaje corrido y chupones en el
cuello (cual púber quinceañera) te hace, indefectiblemente, poner las cosas en
perspectiva y preguntarte el por qué de ese instinto animal que te hace
arrastrarte y rogar un poco de contacto humano. La reincidencia es un mal que
te carcome en cuerpo y alma. Síntomas: la soledad. Uno nunca hace tantas b#ludeses
como cuando se siente solo. Además, como a la vida le gusta joder con las
mentes de los emocionalmente inestables, en esos momentos, parece que todos
fueran capaces de encontrar a esa otra mitad que errante naufragó por la vida
incompleta hasta que se encontró con ese otro medio pedazo perfecto y se
convirtieron en uno…Perdón. Tuve que parar para vomitar. Bueno, como decía, al
parecer le toca a todos menos a vos. Y ahí es cuando sucumbís ante la
desesperación y mandas ese mensaje que nunca has de mandar. Regla de oro: nunca
revivas un muerto. Va a venir a chuparte el cerebro.
Te voy a “cantar la posta”: te
despertas. Mirás al costado y te agarrás la cabeza con las dos manos. Por más
que cierres los ojos y cuentes hasta veinte no va a desaparecer. Esto no es un
sueño. Sí. Lo hiciste otra vez. No hay sentimiento peor que el remordimiento del
día después y esa vergüenza ajena que en realidad no es ajena sino todita tuya.
Todo empieza cuando estás tirada en tu casa mirando las moscas revolotear sobre
la mugre que llamás pila de ropa para guardar. Caes en la cuenta de que cada
segundo que pasas en horizontal mirando hacia la nebulosa te acerca un poquito
más al ocaso de tu vida. Entonces te invade la tristeza. El tiempo pasa y no te
estás volviendo lo que se dice joven. Si sos mujer se te cae todo. Si sos
hombres las cosas ya no suben con la facilidad de antes. Ahora esa tristeza de
la que hablamos antes se volvió angustia para después pasar a ser depresión con
arranques de ira. De pronto ese desperdicio de ser humano con el que salías no
se ve tan mal y te preguntas: ¿Y si le hablo? ¡NOO! La respuesta correcta es
NO. ¡¿Me escuchaste?! ¡NO! Parate y hace algo. Alejate del teléfono. Cerrá el
chat. Ocupa tu mente en otra cosa. Hay un montón de actividades totalmente improductivas
que podés hacer. Ponete a ver el especial de Los Simpsons en Telefé, hacete una
paj@. No sé. Si es necesario cortate los dedos de la mano con una sierra oxidada
pero hagas lo que hagas no le escribas. Pensá: si justamente vos, la persona
más patética y arrastrada que conocemos, se pudo dar el lujo de ponerlo en el frízer
(o frízer, o frisser, o frizseerr. La verdad, no sé) claramente esa persona está
en la base misma de la cadena alimenticia y no va a tener cosa mejor que hacer
que responder a tu llamado de ave de rapiña en celo. Revivir a un muerto no es
chiste. Sino más bien un camino de ida. En cuanto asomas la cabecita para
tantear el terreno ellos despiertan de su eterno descanso. Abren sus ojos empolvados,
extienden sus miembros engangrenados (Ehhh…no. Miembros también puede referir a
brazos y piernas) y comienzan a caminar inarticulada pero velozmente hacia vos
haciendo gemidos estrambóticos que no sabes si son alaridos de dolor o es la
calentura acumulada. Y, a pesar de tan tétrico panorama, ¿vos qué haces? Salís
corriendo a su encuentro como una débil mariposa que vuela directo a la tela de
araña para que le arranquen las alitas y le succionen las tripas. Una vez que
los tenés de cerca ya no parece tan buena idea haberlos despertado. Mientras
estás sentada en un bar de ping pong tomando cerveza caliente añoras aquellos
momentos de soledad y paz en los que te tirabas en el sillón de tu casa a stalckear
gente en internet y te preguntas qué necesidad había. Y sí. Ahora que ya pasó
todo analicémoslo fríamente: ¿Qué es lo que te hizo creer que estar con alguien
que no tolerás te puede hacer sentir mejor con vos misma? ¿Te das cuenta donde
falló la ecuación, no? Además de en el punto en donde depositaste toda
posibilidad de felicidad en otro ser humano, especie traicionera si las hay,
sin ningún motivo válido aparente a pesar de que la historia mundial y,
principalmente, la tuya te demuestran que deberías de hacer lo contrario. Por
algo es un muerto. Lo único que querés hacer ahora es acelerar el proceso para
retornar cuanto antes al hogar y dejar todo esto atrás. Lo más triste de todo
es que ahora te sentís peor con vos misma que antes. Usada. Casi que violada.
¿Y todo por qué? Porque como siempre, te sentís sola. Te voy a contar un
secreto. Esto va a solucionar tu vida. Ahí te va: nadie es realmente feliz y todos
estamos solos. Las personas somos unos hipócritas que nos engañamos a nosotros
mismos a fin de no tener que esforzarnos en analizar aquellas cosas que damos
por sentadas. Mi teoría es que es todo una estrategia de mercado para aumentar
las ventas de peluches y comestibles altos en calorías.
Entonces, la próxima vez que te
sientas sola pensá en esto y reprimí esos sentimientos asquerosos y nauseabundos
hasta que se conviertan en un tumor maligno o te agarre gota, como hacemos
todas las personas normales. Pero hagas lo que hagas no sucumbas ante la
necrofilia. Te podes agarrar algo.
Imagen: "Night of the living dead" (de George Romero)

