miércoles, 28 de noviembre de 2012

Intertextualidad Emocional II


“Si si, estoy yendo. Y ponele que llego tipo…Upa, upa, upa. ¡Pará! ¿Qué está pasando ahí? Ay, no gorda, terrible lo que estoy viendo acá, jaja. Dos locos en el medio de una plaza a los gritos…No no, es un flaco y una piba. A los gritos están…. ¿Cómo? Naaa, ¿qué me va a pasa, gorda?…. Y no sé. Se ve que son pareja o algo así….Y ni idea de qué dicen. Pera…. No, como que la chica le sacó algo porque el pibe sarandea una especie de bolsa para un lado y para el otro. La abre y la cierra. La abre y la cierra… Yyyy, no. Tiene medio pinta de nabo el flaco….  ¿Y cómo voy a saber yo que es lo que está buscando? ¿Me estás cargando? Estoy como a quince metros....Ahhh, nooo, la piba tipo que está llorando sacada ahora…..Y como que el amaga a irse y ella lo agarra del brazo. Tipo, please gorda, un poco de amor propio, ¿o no?...Claaaaro. A ver. ¡Pará! Ahora es ella la que anda revisando…No no, es otra cosa. Se ve que están haciendo división de bienes, jaja. Uhhh, no, no. Para gorda. La piba se transformó. Se lo va a comer vivo… Sí, pero... Uyyy, me vieron. Me vieron, me vieron…. ¿Cómo qué haciendo qué? Mirandolos como una boluda…Naaa, tipo que puse la mejor cara de pocker pero se reeee dieron cuenta…..Pero Carla, ¿Cómo me voy a acercar?….¿Pero a preguntarles qué, ridícula?….Ayyyy, mirá si la va a prender fuego en el medio de la plaza. ¿Qué decís?….Y no sé ahora. Me distrajiste con tus pavadas. La piba se está agachando a levantar la bolsa y se va…Sí sí, así como si nada. Se está yendo. Camiiina. Sigue caminando. Ay, yo qué sé en que quedaron. ¿Me lo preguntás en serio¨? Y ella se vaaa ahora. Sale de la plaza y encara para acá. ¡La put@ madre! Recalculando, gorda, recalculando.”



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Intertextualidad Emocional I


- Hola, ¡viniste!- le dijo ella sin poder ocultar la emoción que la agarró por sorpresa.
- Si. Claramente vine. – respondió él cortante.
- Bueno, ¿empezamos ya? Si ibas a venir con esa actitud te hubieses quedado en tu casa.-
- La verdad, no tenía nada mejor que hacer. Y quiero terminar una vez por todas con esto. - Él no se inmutaba. Fumaba un cigarrillo mientras miraba al piso. No con vergüenza, no pensativo, sino despreocupado. Quizás un poco molesto.
- Bueno. Está bien. Si estás tan apurado…- Quiso disimular la ira. Nunca fue buena para mentir. Trató de mantener la calma pero todo el tiempo recordaba su última discusión: “Somos una vez y nunca más vamos a ser nada” le dijo él y a ella se le explotó el corazón en el pecho. No tenía consuelo. Esta vez tenía que ser diferente.
- Sí, estoy apurado. Muy apurado, de hecho. No sabés lo apurado que estoy.- Respondió él. Estaba firme. Miraba el reloj cada tanto. Quería irse. No se quedaba por lástima o por vergüenza. Mucho menos por compasión. Quizás por un poco de morbo, disfrute del dolor ajeno. - ¿Tragiste todo? – le preguntó.
- Si. Bah, me parece que sí.  Creo que faltan un par de cosas. Di vuelta todo y no estaban por ningún lado. – le dijo ella aguantando el llanto.
- ¿Cómo que faltan un par de cosas? ¿En serio?  Eso me suena a un “ni me calenté en buscar”.-
- ¡¿Qué?! ¿Qué te pasa? Por favor, decime que me estás cargando.- Creeríamos que después de tanto andar el carácter se le habría curtido pero no. Ella era frágil aún, inocente, tonta y lo que él decía todavía la afectaba.
- Sffff. Bue, tenés razón. Perdóname.- Se disculpó. Se había sentido mal por su contestación. ¿Habría humanidad creciendo en él? Se detuvo un segundo en ese pensamiento y llegó a la conclusión de que no. Es que no puedo evitar recordar su última conversación telefónica:

“¡¿Pero me podés escuchar, por favor?!...¡¡Para de gritar, loca!!...¡¡Para, para, para!!...¿¿Estás llorando??....Tampoco es para que te pongas así. ¿Me dejás que te explique?….Bueno, fue así. Yo lo hablé con él. Le expliqué la situación y él me dijo que…. ¿Pero para qué te iba a mentir? No tengo necesidad de hacer eso… ¿Eh? ¿Él dice que nunca hablamos? ¿Vos me estás jodiendo?... ¡No grités!…Sí, pero porque vos también estás gritando. No me dejás meter un bocado..... ¿Y qué fue lo que él  te dijo a vos?... ¿Cómo que no me podés decir? ¿Me estás hablando en serio?… ¿Y a mí que me importa que le hayas prometido que no me ibas a decir nada?… ¡No, no me calmo un carajo!...Sí, estoy gritando. Ahora grito yo. Y te voy a decir lo que se me cante ¿¿Quién te pensás que sos??....Sí que me enojo. Parece que se hubieran juntado todos para ver en qué forma podían joderme la vida….Bueno, si nadie me quiero joder, entonces, ¿me podés decir que te dijo??... Vos me pediste que yo te explique qué pasó y  lo hice. Ahora explicame vos qué está pasando acá porque me parece que me perdí una parte de la película… ¿Qué me querés decir con eso?... Sos una hija de puta…Sí, te lo digo así. No me podés tirar esto y encima por teléfono ¿Qué tenemos? ¿Quince años?....Bueno, respondeme esto y no te molesto nunca más: ¿Todavía te importa?.......No. “No sé” no es una respuesta.”

-¿Qué es lo que no encontraste?- Le preguntó a ella una vez que perdió las ganas de ahorcarla.
-No sé. ¿Ves que nunca me escuchás cuando te hablo? Te estoy diciendo que creo que está todo, aunque no estoy segura. Eso quiere decir que no tengo mucha idea de qué es ese todo y qué de ese todo traje y qué no…. ¿Vos tenés lo mío?-
- Sí. Y te traje todo lo del todo que había quedado en casa. Porque yo sí se que mierda tengo dando vueltas por ahí.- Estaba fastidiado. Con las pelotas por el piso de esa esta piba pero se daba cuenta por su cara que ella todavía no entendía nada.
- A ver…Pasame la bolsa.- le dijo ella.
-Tomá. Acá tenés. ¿Esto es lo mío?-
- Claramente.-
- Bueno, listo. Entonces me voy.- dijo él.
-¿No te vas a fijar qué es lo que falta?-
- Ehhh…No. Chau.- Él ubicó el auto con la mirada y se movió hacia ahí.
- Pera, pera, pera. - Ella se levantó de golpe y lo agarró del ante brazo. No le importaba nada. En su cuerpo no cabía el orgullo ni el amor propio. Estaba desesperada. Él la aparto de un empujón.
- ¿Qué pasa ahora?- preguntó con un fastidio no disimulado.
- Acá no está todo. Hay algo que falta.- Improvisó ella. Algo tenía que hacer para que no se fuera. Abrió la bolsa y pretendió revisar. Entre tanto acting, sin embargo, se dio cuenta de que era verdad. Algo faltaba. Su tono de voz cambió.
- ¿Qué? No no, estás equivocada.-
-Ehh, no, no estoy equivoca, señor perfecto. Acá falta algo y vos sabés muy bien qué es.-
-Nop. No sé de qué me estás hablando. Me parece que la tintura te empezó a afectar el cerebro.- respondió él mirando para un  costado y con medio cuerpo dirigido hacia el auto.
- No te hagas el chistoso que ese nunca fue tu fuerte. ¿Dónde están? Son de colección. ¡Devolvemelos!-
- ¿Donde están qué?-
-Vos sabés qué. Lo hablamos mil veces ya. ¡Eran de mi vieja!  ¿Cómo te los vas a quedar?  ¡Son míos, pibe! ¡Damelos!- ella ya había perdido la paciencia, el interés y hacía mucho tiempo el amor también. Hoy era consciente de eso.
-No, no son tuyos.- Dijo él en un arranque de honestidad mezclada con broca. - Me los regalaste a mí así que ahora jodete.-
- Nunca te los regalé. ¿Cómo voy a hacer eso, enfermo? ¡Sos un hijo deputa! ¡¿Cómo podés ser así?!- le dijo ella a los gritos al mismo tiempo que le sostenía la mirada para reforzar la pregunta. Esta escenar era figurita repetida. Entonces pensó: “Cuando dije no dije pero si querés sí. Entonces, ¿por qué él ahora se va? ¿Y  por qué yo me quedo acá, sola, parada en el medio de la calle, llorando a cantaros y mirando perdida el horizonte como una loca?” Respiró aire seco y habló. - Está bien. No hay problema. Quedátelos. Esto ya no tiene sentido.-
- Ahhh bueno. ¿Y este cambio repentino a qué se debe? Si puedo saber…-
- La verdad, a nada. Simplemente me aburrí de esta conversación. Así que me voy.- Se agachó, agarró su bolsa y se fue caminando dandole la espalda.
- ¡Ahhh, pero mirá que superada! ¡Chau, chau. Cuidate!- le gritó él con una falsa calma.
- Vos también. Y después fijate bien que hay en la bolsa. No vaya a ser que te falte algo importante. Nos vemos.- le respondió con una sonrisa burlona y siguió caminando. Él se quedó mirandola pensando en qué querría haber dicho. Nunca tuvo muchas luces el pobrecito. Ella dobló la esquina y no lo vio más. No había por qué quedarse ahí. Tenía que entender que  fueron una vez algo y ahora ya no más. Dentro de la pérdida total de cordura a veces podemos encontrar un momento de iluminación racional. Ese momento hay que aprovecharlo para alejarse de todo lo que lastima. 


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Dadaísmo muy conciente.


Correr de mesa en silla sin bolas. Dice la soledad en el ventanal al salto. Caída libre en dedos revoloteando. Golpetea lámina fría  lejos del plato compartido. Allá donde antes binoculares resaltados panoramean escenario cruento.  Salir rayando el piso al ritmo lumínico. Golpe a lo cerca. Silencio no reconciliable.  Subidas y bajadas suavecitas como el peluche sin bañar. ¡Ahhhh, luzzz! Feroz fogateada de círcuitos ovalados. Adentro pero del otro lado súcubos dando vuelta en demasía. En la céntrica hay espasmódica carne supurante en el asador breoso. Rodando llega hasta ahí, sigue  y vuelve. Plegaria en paralelo al bicho nicho dicho. Zumbido aleteante de sinocuosas burbujas. “Wua -  Wua” de fondo que ser acercA, que se aceRCA y que se aCERCA. ¿Pasará la muralla trillada?  Sin dubida toda. ¿Y si rifamos ese salto?, piensa la carne chillante con el último aire. Tarde para tanto.  Y el “Wua – Wua” que amaneza ya está dale que dale golpearles la casa. Pero resulta que es pronto para poco. 

Imagen: "Emak Bakia" (de Man Ray).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Para abrir las puertas de la Percepción.


 Percepción:

             Sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos.
             Conocimiento, idea.

Sensación, conocimiento. ¿De qué? De todo lo que nos rodea y nos compone. Porque todo lo que nos rodea nos forma y deforma. Entonces, la percepción nos hace conocer el mundo pero también a nosotros mismos. Y en este ir y venir con lo que nos circunda también vamos armando y codificando nuestra forma de percibirlo. Entonces, ¿podemos decir que percibir determina la forma en que percibimos? Mejor dicho, lo que ya percibimos va a determinar la forma que percibimos lo que vamos a percibir. ¿Se entendió? Más claro echale agua.
 Percibir, esa forma que tenemos de hacer entrar el mundo en nuestras cabezas, va armando y cambiando nuestra forma de pensar. Entonces,  cuando nos exponemos  a todo lo que nos rodea lo vamos a mirar por el catalejo de nuestras experiencias pasadas. ¿Qué se desprende de esto? Que como todos tenemos pasados distintos, experiencias diferentes y formas de razonar dispares cada uno va a percibir como mejor le salga. No hay dos ojos que vean igual, dos pieles que sientan lo mismo ni dos cabezas que piensen parejo. El mundo no tiene la misma forma para los occidentales que para los orientales, para los niños que para los adultos, para los enamorados que para los que tienen el corazón roto. No vamos a ver  igual un crisantemo amarillo si estamos animados que si estamos destrozados y no vamos a escribir el mismo poema si sentimos que somos dueños de todo a que si sentimos que todo nos pasó por encima.
 ¿Conclusión? Cada uno percibe lo que percibe como lo percibe y ahí no hay tu tía. No hay una única forma correcta e inmaculada de percibir. Entonces, también podemos decir que en la percepción no hay error más allá de creer que nuestra percepción es la única percepción. Ahí ya correríamos peligro de caer en la única historia.  Esto es, creer que el mundo solo puede ser leído de la forma en que nosotros lo escribimos.


Imagen: "Milagro en Milán" (de Vittorio de Sica).