miércoles, 21 de noviembre de 2012

Intertextualidad Emocional I


- Hola, ¡viniste!- le dijo ella sin poder ocultar la emoción que la agarró por sorpresa.
- Si. Claramente vine. – respondió él cortante.
- Bueno, ¿empezamos ya? Si ibas a venir con esa actitud te hubieses quedado en tu casa.-
- La verdad, no tenía nada mejor que hacer. Y quiero terminar una vez por todas con esto. - Él no se inmutaba. Fumaba un cigarrillo mientras miraba al piso. No con vergüenza, no pensativo, sino despreocupado. Quizás un poco molesto.
- Bueno. Está bien. Si estás tan apurado…- Quiso disimular la ira. Nunca fue buena para mentir. Trató de mantener la calma pero todo el tiempo recordaba su última discusión: “Somos una vez y nunca más vamos a ser nada” le dijo él y a ella se le explotó el corazón en el pecho. No tenía consuelo. Esta vez tenía que ser diferente.
- Sí, estoy apurado. Muy apurado, de hecho. No sabés lo apurado que estoy.- Respondió él. Estaba firme. Miraba el reloj cada tanto. Quería irse. No se quedaba por lástima o por vergüenza. Mucho menos por compasión. Quizás por un poco de morbo, disfrute del dolor ajeno. - ¿Tragiste todo? – le preguntó.
- Si. Bah, me parece que sí.  Creo que faltan un par de cosas. Di vuelta todo y no estaban por ningún lado. – le dijo ella aguantando el llanto.
- ¿Cómo que faltan un par de cosas? ¿En serio?  Eso me suena a un “ni me calenté en buscar”.-
- ¡¿Qué?! ¿Qué te pasa? Por favor, decime que me estás cargando.- Creeríamos que después de tanto andar el carácter se le habría curtido pero no. Ella era frágil aún, inocente, tonta y lo que él decía todavía la afectaba.
- Sffff. Bue, tenés razón. Perdóname.- Se disculpó. Se había sentido mal por su contestación. ¿Habría humanidad creciendo en él? Se detuvo un segundo en ese pensamiento y llegó a la conclusión de que no. Es que no puedo evitar recordar su última conversación telefónica:

“¡¿Pero me podés escuchar, por favor?!...¡¡Para de gritar, loca!!...¡¡Para, para, para!!...¿¿Estás llorando??....Tampoco es para que te pongas así. ¿Me dejás que te explique?….Bueno, fue así. Yo lo hablé con él. Le expliqué la situación y él me dijo que…. ¿Pero para qué te iba a mentir? No tengo necesidad de hacer eso… ¿Eh? ¿Él dice que nunca hablamos? ¿Vos me estás jodiendo?... ¡No grités!…Sí, pero porque vos también estás gritando. No me dejás meter un bocado..... ¿Y qué fue lo que él  te dijo a vos?... ¿Cómo que no me podés decir? ¿Me estás hablando en serio?… ¿Y a mí que me importa que le hayas prometido que no me ibas a decir nada?… ¡No, no me calmo un carajo!...Sí, estoy gritando. Ahora grito yo. Y te voy a decir lo que se me cante ¿¿Quién te pensás que sos??....Sí que me enojo. Parece que se hubieran juntado todos para ver en qué forma podían joderme la vida….Bueno, si nadie me quiero joder, entonces, ¿me podés decir que te dijo??... Vos me pediste que yo te explique qué pasó y  lo hice. Ahora explicame vos qué está pasando acá porque me parece que me perdí una parte de la película… ¿Qué me querés decir con eso?... Sos una hija de puta…Sí, te lo digo así. No me podés tirar esto y encima por teléfono ¿Qué tenemos? ¿Quince años?....Bueno, respondeme esto y no te molesto nunca más: ¿Todavía te importa?.......No. “No sé” no es una respuesta.”

-¿Qué es lo que no encontraste?- Le preguntó a ella una vez que perdió las ganas de ahorcarla.
-No sé. ¿Ves que nunca me escuchás cuando te hablo? Te estoy diciendo que creo que está todo, aunque no estoy segura. Eso quiere decir que no tengo mucha idea de qué es ese todo y qué de ese todo traje y qué no…. ¿Vos tenés lo mío?-
- Sí. Y te traje todo lo del todo que había quedado en casa. Porque yo sí se que mierda tengo dando vueltas por ahí.- Estaba fastidiado. Con las pelotas por el piso de esa esta piba pero se daba cuenta por su cara que ella todavía no entendía nada.
- A ver…Pasame la bolsa.- le dijo ella.
-Tomá. Acá tenés. ¿Esto es lo mío?-
- Claramente.-
- Bueno, listo. Entonces me voy.- dijo él.
-¿No te vas a fijar qué es lo que falta?-
- Ehhh…No. Chau.- Él ubicó el auto con la mirada y se movió hacia ahí.
- Pera, pera, pera. - Ella se levantó de golpe y lo agarró del ante brazo. No le importaba nada. En su cuerpo no cabía el orgullo ni el amor propio. Estaba desesperada. Él la aparto de un empujón.
- ¿Qué pasa ahora?- preguntó con un fastidio no disimulado.
- Acá no está todo. Hay algo que falta.- Improvisó ella. Algo tenía que hacer para que no se fuera. Abrió la bolsa y pretendió revisar. Entre tanto acting, sin embargo, se dio cuenta de que era verdad. Algo faltaba. Su tono de voz cambió.
- ¿Qué? No no, estás equivocada.-
-Ehh, no, no estoy equivoca, señor perfecto. Acá falta algo y vos sabés muy bien qué es.-
-Nop. No sé de qué me estás hablando. Me parece que la tintura te empezó a afectar el cerebro.- respondió él mirando para un  costado y con medio cuerpo dirigido hacia el auto.
- No te hagas el chistoso que ese nunca fue tu fuerte. ¿Dónde están? Son de colección. ¡Devolvemelos!-
- ¿Donde están qué?-
-Vos sabés qué. Lo hablamos mil veces ya. ¡Eran de mi vieja!  ¿Cómo te los vas a quedar?  ¡Son míos, pibe! ¡Damelos!- ella ya había perdido la paciencia, el interés y hacía mucho tiempo el amor también. Hoy era consciente de eso.
-No, no son tuyos.- Dijo él en un arranque de honestidad mezclada con broca. - Me los regalaste a mí así que ahora jodete.-
- Nunca te los regalé. ¿Cómo voy a hacer eso, enfermo? ¡Sos un hijo deputa! ¡¿Cómo podés ser así?!- le dijo ella a los gritos al mismo tiempo que le sostenía la mirada para reforzar la pregunta. Esta escenar era figurita repetida. Entonces pensó: “Cuando dije no dije pero si querés sí. Entonces, ¿por qué él ahora se va? ¿Y  por qué yo me quedo acá, sola, parada en el medio de la calle, llorando a cantaros y mirando perdida el horizonte como una loca?” Respiró aire seco y habló. - Está bien. No hay problema. Quedátelos. Esto ya no tiene sentido.-
- Ahhh bueno. ¿Y este cambio repentino a qué se debe? Si puedo saber…-
- La verdad, a nada. Simplemente me aburrí de esta conversación. Así que me voy.- Se agachó, agarró su bolsa y se fue caminando dandole la espalda.
- ¡Ahhh, pero mirá que superada! ¡Chau, chau. Cuidate!- le gritó él con una falsa calma.
- Vos también. Y después fijate bien que hay en la bolsa. No vaya a ser que te falte algo importante. Nos vemos.- le respondió con una sonrisa burlona y siguió caminando. Él se quedó mirandola pensando en qué querría haber dicho. Nunca tuvo muchas luces el pobrecito. Ella dobló la esquina y no lo vio más. No había por qué quedarse ahí. Tenía que entender que  fueron una vez algo y ahora ya no más. Dentro de la pérdida total de cordura a veces podemos encontrar un momento de iluminación racional. Ese momento hay que aprovecharlo para alejarse de todo lo que lastima. 


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