miércoles, 29 de mayo de 2013

Le Premier Amour.

Dos amigas hablan por teléfono. Después de remover toda la porquería que les pasó  durante la semana, una decide cerrar el tema y le dice a la otra:


R.B.: -Lo que quiero decir es esto: vos querías que las cosas cambiaran y lo hicieron. Sin embargo, vos seguís siendo la misma que al principio. ¿Se entiende? Exigís pero no das nada a cambio.-

N.L.: -Jajajaja. Sí. Es verdad. Te odio, piba. Te odio.-

R.B.: Miralo así: soy tu Pepe Grillo, la voz de tu conciencia.-

N.L.: ¿Pero por qué no te tirás a un pozo, negra? Pero bien hondo. Bieeeen profundo.-

R.B.: Ya estoy metida en un pozo. Un pozo ciego bien lleno de mierda podrida.-

N.L.: Uff. ¿Y por qué es eso? ¿Qué pasó ahora?

R.B.: - No sé si es de ahora. Creo que me caí a los cuatro años, más o menos. Cuando dejé a Sebastián, mi noviecito de salita celeste.

N.L.: -JAJAJAJAJAJAJAJAJA.-

R.B.: -No te rías. Él me acariciaba las trenzas mientras paseábamos por el zoológico agarraditos de la mano...Fue un error dejarlo. Nunca más conocí a un flaco que me tratara así de bien.-


Ay, esos amores que ponen la vara demasiado alto. ¡¿Quién va a poder superarlos después?!


jueves, 23 de mayo de 2013

Acto V: Se cierra el telón.


Bajó las escaleras del edificio y ahí estaba. Muchas veces lo imaginó pero jamás creyó que fuera a pasar. Formaba parte de esos delirios en forma de sueños despiertos que la distraían en los viajes en colectivo o que la mantenían media hora más en la ducha. Pero ahí estaba, parado contra la columna mientras terminaba un cigarrillo, y a ella se le revolvían las tripas. Se le mezclaban las sensaciones. Ganas de salir corriendo, un poco de necesidad de abrazarlo en silencio y deseo de que lo pisara un camión de basura vía al conurbano. Todo eso junto. ¿Qué decidió Carla? Hacer lo único que sabe hacer. Ser ella y nada más. Bajó las escaleras despacio, caminó hacia él y  se paró enfrente.

-¿Qué haces vos acá?-
-Una serie de acontecimientos aleatorios que se encadenaron por casualidad me trajeron hasta acá.-

Carla no respondió. No rió. No se derritió con ese falso no sé qué de hombre encantador que a él le gustaba pavonear. Entonces siguió hablando.

- Vine a verte.-
-Me estás jodiendo, ¿no?-
-No.-
-¿Y para qué me viniste a buscar? Si se puede saber…-
-Te lo diría con todo el gusto del mundo pero no lo sé. Nada más vine.-

Y ahí estaba otra vez esa evasiva intelectual que a Carla la sacaba de quicio. Ella era una piba de pensamientos simples, concreta, que decía lo que le salía y siempre lo acompañaba de un insulto.

-¿No te cansaste de romperme las pelotas?, pregunto. Porque yo ya estoy hinchada las bolas de esto.-
-¿No estás dramatizando un poco? ¿Qué te hice ahora?-
-No hiciste nada. Simplemente fuiste vos. Con eso bastó.-
-¿Pero qué? ¿Eso es malo?-
-Supongo que si sos vos no. No es malo.-
-¿Vas a seguir mucho más enojada?-
-Sí.-
-¿Hasta cuándo?-
-Hasta siempre.-

Carla buscó los puchos en la cartera. Manipuló el atado con violencia y sin levantar la vista ni un segundo. Quería esquivarle los ojos. No podía contra el contacto visual. En esas situaciones siempre se preguntaba para qué carajo tenía ese carácter de mierda si después no iba a usarlo en defensa propia. En cuanto cruzara miradas quedaría impotente. Entonces, estaba decidido. Hiciese lo que hiciese, no iba a mirar al frente. Era eso o rendirse.

-¿Me vas a decir para qué mierda viniste?-
-Ya te dije. A verte a vos.-
-Entonces viniste al pedo.-
-¿Estás segura?-

Dijo e intentó agarrarla de la cintura pero Carla se tiró para atrás con un movimiento innecesariamente dramático y le esquivó la mano. Ahora sí. Levantó la mirada y le quemó la frente con todo ese odio podrido que tenía guardado adentro. No soportaba eso. No soportaba que nadie la diera por sentada. Tragó saliva sin bajar la cabeza y entrecerró las ranuras de los ojos. Él le sostuvo la mirada.

-¿No te parece que estás exagerando?-
-Sí, probablemente.-

Se hizo el silencio. Él miraba para un costado y la miraba a ella. Miraba para un costado y la miraba a ella. Carla resopló y se largó a hablar.

-Igual no es tu culpa…. Es más mía que otra cosa.-
-¿Por qué?-
-Por pensar que eras más. Que no sé, que tenías profundidad. Yo qué sé. Simplemente que había otra cosa. Pero no. Sos esto. Listo. Tan chato como cualquier otro. Y nunca se le debería pedir a alguien que sea más de lo que es porque no puede. No es justo hacerle eso. –

Sí. Carla ya sabía que sonaba como una loca. Pero él no dijo anda. Se la quedó mirando duro. Sus aires de hombre encantador desaparecían a medida que asomaba cierta vanidad humana que acababa de ser herida sin vergüenza por una piba de pensamientos simples, concreta, que decía lo que le salía y siempre lo acompañaba de un insulto. Carla sonrió y siguió hablando sola.

-¡Ja! Es muy loco todo…-
-¿Qué cosa?-
- Nada. Que me quedé ahí, parada como una idiota, esperando a que apareciera eso que, en realidad no existe y que yo ya sabía que no existía y que además vos nunca me dijiste que existía. Con lo cual, no tengo a nadie a quién culpar más que a mí misma. Y lo más loco es que nunca me había dado cuenta de esto que te estoy diciendo hasta recién, cuando empecé a decirlo.-
-Estás loca.-
-Sí.-

Carla se rió otra vez y se fue, dejándolo solo, a lo lejos, parado como un idiota que cada vez se volvía más chiquito y perdía la consistencia de su forma. Si bien ella se sentía tranquila en términos relativos, el camino hasta la parada fue eterno. La invadía esa bronca y esa impotencia tan característica de cuando uno acaba de darse cuenta que es el único culpable de sus propios males. Las calles se alargaban a medida que ella avanzaba y el frío de la caída del sol le empezaba a cortar la cara. Se escondía detrás de la bufanda mitad para cubrirse del invierno, mitad para tapar las lágrimas. No eran de tristeza. Tampoco de te voy a extrañar. Simplemente lágrimas de otra vez lo mismo. Lágrimas de yo sabía. Lágrimas de me avisaron y no quise escuchar. Subió al colectivo y le mandó un mensaje a Martín. Lo necesitaba. Él iba a saber qué decirle para volverla a hacer sentir bien consigo misma. Él iba a solucionar todo. Le iba a decir lo buena que era y cómo iba a conocer a alguien que no fuese un completo pelotudo. Sí, iba a hablar con Martín y todo iba a estar bien, como siempre porque él siempre estaba y sabía qué decir. Bajó del colectivo con las llaves en la mano y caminó casi que corriendo hasta el departamento. Subió por el ascensor, trastabilló a la salida, se llevó puesta la pared y llegó a la puerta con el poco equilibrio que le quedaba en el cuerpo. La abrió a los empujones y entró buscándolo. La tele. Estaba prendida. Martín estaba en el living. Voló hasta ahí para frenar en seco al llegar a la arcada. Se le congeló el cuerpo. Los ojos se le salieron de la cara. Martín la miró preocupado.

-¿Qué te pasó? Tenés la cara toda colorada, ¿Estás bien?-
-Si sí, no pasa nada…Hola, soy Carla.-

Dijo mirando fijo a la mujer que se levantó del sillón, donde estaba tirada sin calzado mirando la tele, y se acercó a saludarla.

-Hola, ¿qué tal? Yo soy Anna.-
-Un gusto. Bueno, me voy a mi pieza así los dejo tranquilos.-

Martín la agarró del brazo.

-No. Pará. ¿Qué te pasó?-
-Nada, boludo. Estoy muerta. Tuve un día del orto. Nada más. Bueno, me voy a tirar un rato. No los molesto más…¡Un gusto, eh!-

Carla salió a la velocidad de la luz hacia su cuarto. Cerró la puerta con llave y se tiró en la cama con la campera puesta. Ahora sí. Estaba totalmente sola. Sola sin Martín. Sola en el mundo. Se durmió llorando. Estas sí eran lágrimas de tristeza. Lágrimas de te voy a extrañar.




miércoles, 15 de mayo de 2013

Así empieza el fin.


Martín arrastra los pies por la avenida pateando la basura y el polvo invisible. Alrededor la gente corre contra reloj. Él va desganado. Casi que no puede pensar. Suspira hondo. Mentira. Sí puede pensar. Eso nunca se agota. Repasa su historia una y otra vez tratando de darse cuenta dónde es que se le fue todo de las manos. Se acuerda de cuando conoció a Carla, de cómo empezaron a ser amigos  y  de cuándo eso ya no alcanzó. A veces se pregunta qué hubiese pasado si entre una cosa y otra no hubiese sido tan cagón. Odia esa sensación. La de “qué hubiese pasado si…”. Esas veces, las que piensa en eso, le agarra remordimiento y se entra a dar la cabeza contra la pared. No es que esté loco sino que simplemente se quiere morir. Vive de especulaciones. Tratando de entre leer lo que ella hace, buscando señales en cada cosa que dice, encontrándole un sentido oculto a todo. Y no. Carla es solo eso. Una amiga y nada más. Cuando lo abraza, simplemente lo abraza. Cuando apoya la cabeza en sus piernas mientras miran una película, solo apoya la cabeza en sus piernas mientras miran una película. Y cuando le  dice que es su mejor amigo, tan solo le dice que es su mejor amigo… ¿O quizás no? Martín se pierde en estos tipos de razonamientos a diario. Tanto es así que sigue dos cuadras de largo y tiene que retomar por Av. Corrientes. Camina y camina hasta que se encuentra con un local de discos, libros y porquerías viejas. Entra y va hasta el mostrador.

-Hola, ¿qué tal? Vengo a buscar una billetera que se olvidaron el otro día acá.-

De atrás de una revista se asoma una cara pálida, de pelo lacio castaño y pecas rojizas. Ojos verdes y cejas perfectas.  Lo mira con escepticismo y responde:

-Vos no sos Carla.-
-Emm. No, claramente no. Soy Martín, un amigo de Carla. Vengo a buscar la billetera que se olvi…-
-Sí, eso ya lo dijiste. Y no se la olvidó. La encontré abajo de aquel anaquel. Se ve que fue a parar ahí cuando se cayó.-
-¿Quién se cayó?-
-Carla. ¿Quién más? Te cuesta un poco, ¿no?-

La chica lo mira desafiante y un poco aburrida también. Pareciese que no tuviera problemas con él puntualmente. Más bien es un tema con el mundo. Martín la mira de arriba abajo. Está vestida raro y tiene un perfume extraño, como a… No es que sea feo. Al contrario. Es como..como..como curioso. Se da cuenta que hace un minuto que la mira fijo y ella ya está empezando a incomodarse.

-Jaja. Sí. A veces me taro. Soy Martín.-
-Eso también ya lo dijiste.-
-¿Y vos como te llamás?-
-Anna.-
- Ah, ¡mira vos! No tenés cara de Anna.
-¿Y por qué no?
- No sé. Es como…-
-¿Viejo?-
-No, ana - crónico, jajaja.-
-¡Ja! Qué ingenioso lo tuyo…Tomá. Acá está la billetera.-

Martín quiere hacer un agujero en el piso, meterse ahí adentro y no salir más.

-Ehh, buenismo. Gracias. ¡Chau!-

Anna no le devuelve el saludo. Mueve la cabeza en señal de afirmación y lo sigue con la mirada para asegurarse que salga del local. Martín camina por entre los stands de libros y discos pero algo llama su atención. Entonces para. Anna resopla y revolea los ojos. Está perdiendo la paciencia.

-¿Este cuanto está?
-$300.-
-¡$300! Te hago una pregunta, ¿está hecho de oro?-

Anna sale de atrás del mostrador y camina hacia Martín dispuesta a hacer la venta.

-¿Sabés lo que pasa? Es importado. Como son originales son más caros. Además no sé qué tan familiarizado estás con la banda pero esta fue una especie de edición limitada, por decirlo de alguna manera, con lo cual salen más, obvio.-

-Ahhh, y te hago una pregunta más. ¿A todos los clientes los chamullas tan asquerosamente? ¿O lo hacés solo conmigo porque te diste cuenta de que me cuesta?-

Anna apunta su mirada directamente a la sonrisa gigante de Martín y no puede contener una carcajada nerviosa que la agarra de sorpresa.

-Jajaja. Bueno, está bien. ¿Qué te parece si hacemos lo siguiente? Ahí atrás tengo un tocadiscos. Te dejo escuchar la grabación completa. Si te gusta te lo llevás. Para que veas lo buena que soy.-

Martín sabe leer el sarcasmo en su tono de voz. Sin embargo, puede ver qué, a través de las grietas del cascarón de Anna, se asoma una simpatía rara, de esas que no todo el mundo tiene el lujo de ver.

-Bueno, dale. Pero ya te digo que no tengo $300.-
-No importa. Si te gusta te lo guardo y lo venís a buscar cuando tengas la plata. O lo vas pagando en cuotas, como vos quieras. Me quedo con la billetera de tu amiga como seña, jaja.-

Ella pone el disco y arrima una silla junto a la suya. Se sienta  y lo mira a Martín, esperando a que la imite. Él duda un poco. Las cosas dieron un giro inesperado ¿Y eso es malo? Pasa al otro lado del mostrador y se sienta al lado de Anna. Ella saca una lata vieja de un maletín marrón gastado y la abre. Saca tabaco, lillos y empieza a armar un cigarrillo. Martín le pregunta por qué fuma pasto y Anna le explica que no le gustan los cigarrillos ya armados porque son antinaturales y tóxicos, como todo lo moderno. Alguien normal hubiese salido corriente ante ese comentario, pero Martín está fascinado. Hay todo un mundo dentro de esa cabeza que lo hace perderse. Es como si el tiempo se tornase una materia amorfa suspendida en el espacio. Lo miran levitar a su alrededor como si fuera una burbuja. Adentro están ellos y su atemporalidad. Afuera el caos y la anarquía de la ciudad. Adentro, Anna. Afuera, la barbarie de los pensamientos de Martín. La púa llega al final de la última pista y se da cuenta de que es hora de volver al mundo real.

- ¡Uy! ¿Qué hora es?-
-Mmm, no sé. No me gustan los relojes.-

Martín la mira extrañado. Es tan… tan..tan algo.

-Bueno, ¿te gustó?-
-Mucho…Pará. ¿De qué me hablás?-
-Del disco.  ¿Qué más si no?-
- Sí, sí. Me gustó. Pero no tengo la plata acá. Y no debería. Economía de guerra.-

Anna piensa antes de hablar.

-Bueno, no importa. Llevatelo igual.-
-Noo. ¿Cómo me lo voy a llevar? Estás loca. Te van a Matar.-
-No pasa nada.-
- No, no, no, Anna. Te lo re agradezco pero no. No da.-
- Te digo que no pasa nada. ¿No escuchás?-
- Fuera de joda, no.-
- ¡Pero que no pasa nada, pibe! Era de mi vieja. ¡Yo lo puse acá para vender! Y quiero que lo tengas. Dale, hacelo como un favor para mí. Es mejor que te lo lleves vos a un boludo cualquiera que después lo hace reloj o alguna boludez así.-

Martín la mira fijo. Si lo acepta, ya está. La conversación termina ahí. Tiene que agarrar el coso e irse. Pero si sigue “que sí, que no” puede robar unos minutos más. ¿Su boludez no tiene límites acaso? Anna lo mira expectante e impaciente a la vez.

-Bueno, me lo voy a llevar.-
-Buenísimo.-
-Pero tenés que salir conmigo para eso.-

Eso la agarra desprevenida.

-¿Qué?-
-Sí. Acepto tu regalo si vos aceptas salir conmigo.-
-Bueno.-

Anna se pregunta de dónde salió esa respuesta tan firme, tan decidida, tan no ella. Martín abre los ojos al máximo que dan sus parpados.

-¿En serio?-
-Sí. Aunque la forma de pedírmelo fue muy goma. Dale, hagamos algo. No te paso mi teléfono porque, bueno, porque no tengo.-
-Te vengo a buscar mañana cuando salís de acá y vamos a tomar algo. ¿A qué hora?-
-Que pregunta difícil. Ponele que a eso de las siete y media, creo.-

Martín la vuelve a mira extrañado. Es tan… tan..tan algo. Se despide y sale del local. Camina por Corrientes con el disco abajo del brazo y los ojos cerrados. Los abre y todo se ve diferente. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Terapia móvil.


Camina como robot por la calle esquivando gente y haciendo malabares con la cartera. Su celular no para de sonar. Sabe que está ahí adentro pero primero tiene que esquivar un peine, el estuche de los anteojos y un tampón para encontrarlo. Lo saca tironeando de los auriculares y atiende como puede. La señal es pésima y el ruido de Corrientes no la deja escuchar. Pasa por una casa de discos y cosas extrañas y entra para poder hablar. La vendedora asoma la cabeza por encima de una revista vieja, con voz de ultra tumba le pregunta si necesita algo y cuando Carla le responde que solo está mirando sigue leyendo. Camina distraída para alejarse de las pocas personas que están en el local y tropieza con un pequeño escalón en el medio del pasillo. Cae al piso con celular y todo y el contenido de la cartera se desparrama a su alrededor. Del teléfono sale una voz de mujer que grita con fuerza. Carla se levanta como puede, junta sus cosas y se va contra una repisa de libros de segunda mano. Por fin habla:

“¿Hola? Sí. Ahora sí. Recién no te escuchaba nada. Y después me caí… Jaja, sí, como siempre. ¿Cómo andás?... ¿Yo? Como el orto. ¿Cómo voy a andar?...Sí, otra vez…Sí, yo también estoy hinchada las pelotas ya. Odio vivir siempre en esta situación del orto. Un estado permanente. Ni vale la pena que me sigan preguntando como estoy. La respuesta va a ser siempre la misma…. ¿Martín te contó ya?...Y bueno, nada eso. Me revienta que yo sabía que iba a pasar esto. ¿Viste que te dije? ¿Te acordás? Yo sabía que iba a terminar mal. Siempre lo sé….Obvio que estoy enojada. Estoy re caliente. Pero más caliente estoy conmigo misma…. Y porque es la misma de siempre. Me hacen sentir como una loca de mierda, una paranoica, una desconfiada, para después hacer alguna pelotudez y demostrarme que tenía razón. Y aunque después termine demostrándose que no estoy loca o que bueno, sí estoy loca pero mi locura es justificada, el daño ya está hecho. Yo ya me siento una idiota porque a pesar de que yo sabía que iba a pasar lo que pasó decidí hacer caso omiso a mi razón y darles el beneficio de la duda…..Sí, ya sé. Tenés razón. Pero igual no me arrepiento de haberlo intentado, ¡eh! Mentiiiiira. Sí, me re arrepiento. Me la quiero coser con una guja oxidada e hilo de tanza…. Bueno, perdón. No lo digo más. Igual, de lo que más me arrepiento es de que haya resultado ser un pelotudo más del montón. De eso me recontra arrepiento….No, no creo que él se arrepienta de eso. Ni debe saber que es un pelotudo…..Y nada. ¿Qué voy a hacer ahora? Seguir comiendo helado del pote y mirando Diario de una Pasión hasta que el traste se me funda con el sillón y no me pueda levantar. ¿Vos me vas a venir a visitar cuando eso pase?.... ¿Cómo que no sabés?... ¡Pero voy a necesitar ayuda! Alguien que me alcance la cuchara cuando se me caiga al piso, que me corte las uñas de los pies, que…. ¿Qué hijos, ridícula? ¡¿No escuchaste nada de lo que te estuve diciendo?!....Naaa. Martín para esa altura ya va a estar casado con una modelo divina, van a vivir en un barrio cerrado divino y van a tener tres hijos rubios también divinos....Sí, ya sé que me avisaste. Pero bueno. Una siempre piensa “y si esta vez es distinto…”….Sí, bueno pero no me digas así. Porque sabés qué. Si no lo intento me convierto en ellos… Si no lo intentamos, nos volvemos ellos ¿Vos querés eso?....Bueno, sí. Lo de mear parado está bueno….No, sabés que una vez lo pregunté y me dijeron que eso no se puede hacer, que es mentira…. Posta. Bueno, en fin. No nos vayamos por las ramas. Lo bueno de todo esto es que ya va a volver y cuando lo haga yo lo voy a tener recontra superado. ¡¿Me oíste bien?!...Uy, perdón. No me di cuenta que estaba gritando. Escupí el teléfono, jaja.  Y está bueno cuando eso pasa, ¿viste? Porque te hace super bien poder rechazarlos con tanto desprecio…..Naaa, ni ahí….Bueno, quizás sí. Bueno, sí. Si lo tengo en frente y me meo encima pero no sé. Cruzaré las piernas, iré corriendo al baño, lo q sea pero a él no se lo voy a demostrar. Lo cual me da por las pelotas porque yo estaba en esta actitud super - sana de ser sincera con mis emociones, abierta y libre de posturas… Y me ayudaron mucho las Gotitas de Bach y la psicóloga. Sí, posta. Funcionan. Me las dio el homeópata... Ah, ¿no te conté? Sí, empecé como hace dos semanas y la verdad que estoy mejor. Pero bueno, como te decía, uno pone lo mejor de sí y siempre un idiota tiene q venir y cagartelo todo…Si, bueno. Él no vino, yo lo invité. Es que el idiota conmigo no parecía tan idiota… Sí, bueno, siempre hay alguien que está peor. ¡Pero pará! ¿Vos de quién me hablas?... ¿Y como sabés eso vos?... ¡Macarena, dejá de stockearle el Facebook a la gente, te lo pido por favor!... No, eso no es hablar con fundamentos. Eso es estar enferma. Y después yo te pido consejos a vos… No, no sé que voy a hacer. Bah, sí sé. Voy a hacer la misma estupidez que hago siempre y después te voy a llamar para contarte, voy a hablar media hora del tema con vos y a la semana voy a estará actuando de la misma forma idiota de siempre…. Si, bueno. Si te responden del Moyano avísame, jajaja…Dale, vaya no más. Hablamos. Besos.”

Carla deja el libro de segunda mano que estaba ojeando sin prestarle atención y sale del local. No se había dado cuenta de lo tarde que se le había hecho. Pareciera que el tiempo se suspendiese como un fenómeno amorfo adentro de ese local. Cruza la calle y empieza a caminar a velocidad luz hasta perderse entre el ruido, la gente y el vértigo de Corrientes.