Estoy sentada frente a la
computadora. Auriculares puestos. Corre la lista aleatoria sin problemas hasta que suena ese tema y de golpe pasa. Empiezo a sentirlo en los costados de la cara, a la altura
de los oídos, y avanza, como un torrente ácido que me quema los pómulos, hasta llegar a la nariz y los ojos para quedarse ahí, concentrado, estancado. Bien en el centro. El ardor se mueve rápido y
cada vez quema más el lagrimal. Me lo imagino como un chorro de
plasma rojo propulsado por entre las venas de la cara. Me tapo la pera nerviosa
(no soy yo la que está nerviosa sino la pera) en un intento por hacer que pare
de temblar. Respiro hondo tratando de tragar el nudo que tengo estancado en la
garganta pero solo logro que baje hasta el pecho. Es raro. Parece un ovillo
de lana peor, en realidad, está hecho de músculos tensados. Tiene sabor a angustia.
Me saco los lentes de descanso y me refriego los ojos con los dedos manchados tinta de diario, como si eso formateara el disco rígido de mi
cerebro. Quiero arrancármelos. Lo haría ahora mismo si tuviera con qué. Me
levanto despacio queriendo pasar desapercibida pero mi torpeza nunca fue buena
amiga y los pies se me enredan con el cableado que está atado con alambre debajo del
escritorio. Me voy a la mierd@ con teclado y todo y, como era de esperarse, ahora
soy el epicentro de un desastre. Todas las cabezas se dan vuelta a mirarme. Podría levantarme
como quien no quiere la cosa, arreglarme la pollera, acomodar mis porquerías sobre la mesa y caminar con calma hasta el baño. Pero ahí vuelve el ardor. ¡¿Por qué?! Esta vez no
sé si voy a poder controlarlo. Tengo que correr. Me paro como puedo, con la
pollera de sombrero, pateo las cosas para un costado y salgo corriendo del
salón dejando un surco en el piso. Lo de andar con la frente en alto nunca
fue lo mío.
Aire. Necesito aire. Me agarro de
los costados del lavamanos y respiro.
Levanto la cabeza y me miro al espejo. ¡Idiota! ¿Qué buscas ahí? Es la misma
cara que venís viendo hace años y nunca te trajo una put@ respuesta. ¡¿Podés
cortar con el drama, por Dios?! No. No puedo.
Cada vez que lo intento el ardor no me deja. Vuelve a quemarme la cara y
apretarme la tráquea. Además estoy cansada de tratar. Tratar de que funcione,
tratar de que no. Tratar de encontrar la solución, tratar de dejar de pensar.
Tratar de recuperar, tratar de superar. ¡Basta! No quiero tratar más de hacer
nada. Quiero que pase y listo. Recorro mis ojeras por el espejo. Me toco los
cachetes, las patas de gallo, la frente. ¿Cuándo se volvió tan vieja? También
necesito dormir. Aunque sea un poco. Hace días que no hago eso. Algo me quemó
la cabeza. No puedo decir ni qué fue ni cuándo pasó pero hubo un momento
indefinido en el que los pensamientos se me volvieron una maraña intransitable
e irresoluble que lo único que hace es darme dolor de cabeza y me tiene dando
vueltas en la cama por la noche, cuando no puedo dormir. Sé que algo se me
murió adentro y hace años que se está pudriendo. Quizás es por eso el ardor. Sea
lo que sea me desbarató el cuerpo. Tengo serias dudas de que alguna vez vuelva funcionar como se debe. El cuerpo, digo.
¿Qué es eso? Golpean la puerta
del baño. Me vinieron a buscar. De pronto el mundo el exterior se vuelve a
materializar y ya no estoy sola con mis arrugas en el espejo. Salgo sonriendo y
muevo la cabeza como diciendo "Sí, estoy bárbara.
¿No me vez?". Floto hasta el escritorio, hecha una seda, y me siento frente
al monitor. Cierro todo con los ojos deviados hacia el techo y me pongo a hacer algo.
Cualquier cosa. Lo que mierd@ sea. Si paro me muero. “El ocio es el padre
de todos los vicios” y de muchas de mis b#ludeces. Si dejo de hacer que hago empiezo
a pensar. Y entonces, de pronto, las tijeras se ven tentadoras. Podría usarlas
para sacarme los ojos haciendo palanca como una cuchara. De seguro eso me haría
olvidar del ardor. Y ahí vamos de nuevo. Es que nunca termina. Nunca para. Todo
parece estar bien hasta que suspiro y de la nada se me abre un hueco en el
pecho. Más bien es como si se me hundiera justo en el medio. Entonces el aire
no pasa. Me ahogo. Se me tapan los oídos y aparece el torrente quemándome la
nariz. Me mareo y otra vez entro en transe hasta que algo me despierta. Después
me olvido y sigo con lo que estaba haciendo hasta que algo mueve todo adentro y
arranco de nuevo. Puede ser lo que sea. Cualquier cosa lo puede disparar. Y si
las tijeras están siendo usadas cualquier otro útil puede servir. Ejemplo:
puedo optar por clavarme dos biromes en los oídos hasta hacerlos sangrar. Todo
para no escuchar lo que tengo para pensar. Nunca me sirvieron mis consejos. Entonces, la
pregunta es por qué mierd@ me sigo escuchando. Lo único que me queda
es seguir pretendiendo. Hacer que nada pasa. Confirmando y reconfirmando que
estoy genial. Estas no son de esas mentiras que si uno se las repite hasta el
vómito comienza a creerlas pero por lo menos repelen preguntas molestas. No va
a quedar otra. Es eso o cortarme las venas con la planilla de Clientes 2012. Me levanto y preparo un café. Me apoyo contra
la mesada, con las piernas cruzadas, mirando hacia la nada misma. Sí. Lo acabo
de decidir. Recién. No hace más que unos minutos. Así voy a andar. Muerta de a
momentos. Esperando a que vuelva el ardor. Suspirando profundo y controlando
las nauseas en el estomago.

