martes, 28 de agosto de 2012

De manias y odios.



Con el tiempo desarrollé una fascinación por ciertas palabras. Más que nada conectores, adjetivos y adverbios. Por ende, en demasía, no obstante lo cual son algunas de mis favoritas. Me encanta como suena. No obbbbstante. Una profesora que tuve en la UBA decía que esto pasa cuando empezamos a pensar como escritores. Yo creo que en realidad es que estoy perdiendo la cordura. Los esquizofrénicos humanizan los números y yo me encariño con las palabras. No me parece que haya mucha diferencia.
 Contrario a lo que a mí me pasa, tengo una amiga que odia algunas palabras. Su problema es con maya, cena y pieza. Ella tiene sus razones, pero igual eso no quita que está loca. Esto me lleva a pensar que todos tenemos nuestras manías. Una persona sin excentricidades no es interesante. No tiene nada que contar. Por esto es que no nos deberíamos avergonzar. Hay que aceptarlas y reconocerlas. Mostrarlas como parte de lo que nos define. Nos podemos llevar la sorpresa de que no somos los únicos.
De chica yo tenía la costumbre de contar los pasos que hacía para asegurarme de que fueran pares. Tenía miedo de gastar una suela más que otra. Aseguro que ya lo superé. Ahora se me da por hacer otras cosas. Por ejemplo, ordenar la mesa de determinada forma. Cuando como sola la bebida y los cubiertos tiene que ir a la derecha, el vaso en frente mío y los condimentos como mayonesa o mostaza y las guarniciones o fuentes a la derecha. Si necesito sal o aceite, estos los pongo a mi izquierda. Después, una vez que la comida está servida, las ensaladas, puré y demás van en la parte superior del plato y el resto en la parte inferior. Si no acomodo las cosas así el mundo explota. Así que en realidad lo hago por todos ustedes. Creo que esta es mi máxima excentricidad. Juro que no tengo nada más extraño que esto salvo acomodar las perchas de forma tal que queden mirando todas para el mismo lado y organizar las remeras de acuerdo al estilo.  Primero vienen las remeras de manga corta, después las de manga larga. Siguen las camisolas, las camisas y los vestidos de día. Los zapatos van apilados en cajas de mayor a menor y por color. Si están alguien puede morir.
Otra cosa que no tolero son las lágrimas. Y no porque soy totalmente incapaz de consolar a alguien, cosa que es verdad. Directamente me producen asco. No solo las ajenas, las propias también. No tolero cuando se escurren por las grietas de los labios lastimados. Te hacen arder y te dan más ganas de llorar. Comienza así un círculo vicioso. Tampoco puede ver cuando caen por la cara, dejando marcado un surco de agua salada mezclada con maquillaje, para después estrellarse contra la ropa. Me produce nauseas. Las lágrimas me hacen pensar en transpiración. Esos dos tipos de agua deben venir del mismo lado. Por eso no abrazo a mis amigas cuando lloran. No lo soporto. Me pasa algo parecido con el agua de lluvia. Me desespera que me caiga en la cara o me moje el pelo. Después quedo todo el día con una sensación de humedad, pesadez y pegote alrededor del cuerpo. A nadie le gusta eso. Por eso me enerva la gente que camina por la calle sin paraguas. No creo que nadie disfrute de mojarse la ropa y pasar frío todo el día. Esas ganas de mostrarse falsamente despreocupados sacan lo peor de mí.  ¿Querés hacerte el loco? Patea un perro pero no camines debajo de la lluvia porque me pone loca.
También tengo la costumbre de morderme los labios. Lo hago cuando estoy nerviosa. O ansiosa. O aburrida. En realidad, lo hago todo el tiempo. A veces llego a hacerme sangrar. Después juego con la piel lastimada. Puede ser un poco morboso, pero todos tenemos un lado masoquista y retorcido solo que el mío se presenta con asiduidad. También tengo una cosa por hacer listas. Hago listas de todo. Libros que quiero leer, películas que tengo que mirar, ropa que me quiero comprar, países que debería buscar en Wikipedia porque ni sabía que existían y hasta partes del cuerpo que tengo que depilarme. Supongo que es un pobre intento por tener algo de control sobre la vida, que nunca sé cuando se me va a volver en contra. Va de la mano con ser obsesiva y controladora.
Igual sé que no soy la única. Todos tenemos lo nuestro. Me acuerdo que una vez salí con un flaco que tenía que poner el atado de cigarrillos boca abajo, con el encendedor encima y en diagonal. Nunca me hice problema por eso. Tendría que haber prestado atención a las señales. También tuve una cuñada que no comía pescado porque le daban lástima los peces. Ni las vacas, ni los chanchitos ni los pollitos, solo los peces. Nadie se salva de estas cosas. Yo no me preocupo por cambiarlas. Creo que me hacen más querible y no me dejan olvidar que soy humana. 


viernes, 24 de agosto de 2012

Decálogo para el Idiota.


¿Hubo algún tipo de congreso secreto en el que los hombres determinaron que ahora los complicados iban a ser ellos? Quizás es una venganza por todos los años de histeriquéo al que fueron sometidos. Si es así, quiero aclarar que mi generación no tiene la culpa de eso. Creo que hemos cedido más terreno del necesario. Por lo menos yo me considero una mujer bastante abierta, comprensiva y fácil. Entonces, ¿por qué esta actitud constante de hijos de puta?
Chicos, no quiero caer en el lugar común de escribir un blog para criticar a los hombres.  “¡Hay que original! Otra pseudofeminista despechada se descarga contra nosotros en las redes sociales!”. A nadie le gusta que le recuerden constantemente la basura infrahumana que es. Yo los quiero. Los necesito. Les juro que no quiero difamarlos…. pero ustedes no me ayudan. Por eso es que voy a cambiar de perspectiva. Basta de las críticas de género que no llevan a nada más que a despertar el lado misógino que todo hombre tiene adentro. Para lograr superar su ineficiencia natural a la hora de relacionarse con el sexo femenino me tomé el trabajo de desarrollar una lista de los errores más comunes que cometen y como deberían proceder frente en esas situaciones. Y hablo de erros grosos, barrabasadas que se presentan como patrones de  conducta en el sexo masculino. No la boludés de dejar la tapa del inodoro levantada. Hablo de problemas serios.

NOTA: Si presentan dificultades para superar estos ítems no se desanimen. Las mujeres valoramos la intención y comprendemos las limitaciones que conlleva ser hombre.

Para desarrollar una relación exitosa de cualquier índole con una mujer deberán tener en cuenta lo siguiente:

1. Evitá hablarle de conquista pasadas o presentes (¡especialmente presentes!): Como dice el título, esto incluye ex novias, tu chica o primas con las que hayas perdido la virginidad porque nadie más quería darte. Si estás en etapa de chamuyo, no hay nada que te juegue más en contra que decirle, por ejemplo, que no le contestaste al celular porque estabas con otra y esa te armó quilombo o que estás mal pero no es nada que una buena sesión de sexo no solucione si después no te la vas a mover a ella, porque eso quiere significar que estas usando de terapeuta a otra y no está bueno. Vos te podés creer Mandiga diciendo eso pero a los ojos de una mujer sos Juan Pelotudo. LAS MINAS NO QUEREMOS ESCUCHAR LA VERDAD. YA LA SABEMOS. Queremos que nos mientan para decir “Le importo, xq sino ni se calienta en inventarme eso. Se tomó el laburo de ocultarlo”. Como ya les dije, nosotras valoramos el esfuerzo. Además, para inventar excusas y defenderlos están nuestras amigas que siempre buscan la forma de justificarlos.

2. No dejes que nos enteremos que volviste con tu ex por Facebook: Este es un clásico. Conozco a varias mujeres que pasaron por esto. Algunas hasta más de una vez y seguidas. La metodología puede variar pero la forrada es la misma. Los más sutiles cambian su estado en Facebook. Los más hijos de puta ponen una foto de perfil de hace mil años super felices abrazándose con la ex que ya no es más la ex porque ahora la ex es la otra pobre boluda. Bah, en realidad no es la ex porque nunca fueron novios ni nada ¿No? Y después de esto viene la gran eliminada. Y un día la mina, la pobre boluda, se levanta, prende la compu y junto con el mate de la mañana se desayuna la noticia. Ahora bien, hombres del mundo,  si igual van a hacer esta tremenda hijadadeputes les pido que tengan la delicadeza, el coraje, las bolas que tanto les gusta rascarse para dejarnos primero. No da que nos enteremos de una que nos dejaron y que encima lo hicieron por un trapo usado. Esa de dos pájaros de un tiro acá no corre.  Lo ideal sería que lo hagan en persona pero si son unos cagones el chat de BlackBerry puede ser una opción. 
¡ADVERTENCIA!: Si alguna vez procediste de esta forma bajo ningún punto de vista tratés de dar marcha atrás al asunto volviendo a agregar a la minita a Facebook CORRÉS EL RIESGO DE QUE TE CORTEN LAS PELOTAS QUE NO TENÉS CON UNA TIJERA DE PODAR OXIDADA.

3. No armes quilombos en un grupo de amigas: Respetá los códigos internos y del mundo entero. Si alguna vez estuviste con alguna amiga, no te me tires. Si te chamuyaste a mi amiga primero, no te me tires. Si la miraste a la distancia con ganas, no te me tires. Si tu brazo sudoroso y peludo la rozo en un pogo violento, tampoco te me tires. Creo que ya dejé en claro mi punto. Quizás pienses que nosotras somos unas moralistas pero analizándolo objetivamente, en realidad, es que todos ustedes son unos promiscuos hijos  deputa.

4. No paranoiquees con el estado de la relación: Esa historia es vieja. Ya fue. Relajate. Las minas no siempre buscamos un hombre con el que casarnos, mudarnos a un chalet y tener cuatro hijos. Nosotras también somos humanas y tenemos necesidades. Cuando la mano se empieza a acalambrar nosotras también salimos a la caza. ACORDATE QUE A VECES NOSOTRAS SOMOS MÁS HOMBRES QUE USTEDES. Hay una técnica muy simple para reconocer las verdaderas intenciones de una mujer. Si una vez terminado el coito (linda palabra te tiré) la susodicha se quiere ir a su casa con excusas tales como: tengo turno con el médico temprano, tengo que ir a hacer trámites reee lejos por un barrio que vos ni conoces, me tengo que lavar el pelo, mis papás no me dejan, mi amor es el mar, etc. quedate tranquilo que para ella fuiste un mero objeto sexual. Es más seguro que ni siquiera le gustas y mientras estaba con vos te comparaba con el ex (rendimiento, tamaño y tooodoo).

5. Decile no a tu lado goma: Todos los hombres tienen esta otra cara, necesaria para cumplir su nueva función de histéricos. El tema es no llevarla al extremo y volverte un psicópata. Por ejemplo,  los inbox sorpresa pueden tener efectos muy positivos en una mujer pero solo si la mina sabe quién sos. No cuenta como conocerla que la mires desde atrás de un árbol o que le revises el Facebook para subir los mismos temas que ella. “¡Uy, que coincidencia! Escuchamos la misma música” No flaco, no. Todo bien pero esas cosas patéticas y psico las hacemos las minas. No nos caguen el modus operandi. ACLARACIÓN: LA EMBARRÁS MAL SI LA MINA TE RESPONDE DE BUENA ONDA QUE NO TE CONOCE Y VOS TE ENCARGAS DE POSTEARLO EN FACEBOOK AL GRITO DE “¡SOS UNA ZARPA!”. Ahí ya pasas de ser un loco lindo a un nabo de tamañas dimensiones.

6. Acordate que no todas somos psicólogas: El hecho de que nos gusten los casos perdidos, los hombres complejos, no quiere decir que queramos escuchar sus problemas. La necesidad es una cosa de mujeres. Dejen de mimetizarse con nosotras. No somos sus psicólogas y mucho menos sus madres. Así que no nos hablen de las crisis existenciales por las que están pasando, de cómo el budismo o el veganismo cambió sus vidas ni ninguno de esos temas que actúan como método secante que imposibilita que hagamos lo que vinimos a hacer en primer lugar. No sé si me explico.

7.  Si decis de hacer algo, hacé algo: Basta con eso de “el domingo hablamos para ver si el lunes vemos de hacer algo la semana que viene”. ¡¿Qué es eso?! ¿Por qué no arreglamos ahora y listo? “Un finde tenemos que salir.” ¡Uy, mira. Hoy es sábado. Qué coincidencia de la san puta. ¿Por qué no hacemos algo hoy. RECUERDEN: Nosotras nos damos cuenta de cuáles son sus intenciones. No se olviden que nosotras llevamos haciendo esto más tiempo que ustedes.  El viejo truco de hacerse el difícil y tener a la otra persona en stand by por si aparece algo mejor ¡pero por favor¡ Las minas nos aburrimos y nos vamos. De donde salieron ustedes podemos sacar muchos más.

8. Contestá los mensajes: Esto es algo fundamental. De nada sirve hacerse el importante. No sos el capo master por dejar a una mina esperando dos horas por un miserable mensaje. Sos un boludo en piloto automático. O sea, vos pensás, estas poniendo en riesgo salir con una mina divina y super copada por quedarte con tus amigos jugando a la play. Eso no es ser groso eso es…Ahhh, ¿no estás con tus amigos? ¿Pero entonces…¡Hijo de puta! ¡Estás con otra!

9. No critiques: Ya les dije. A las mujeres no nos va eso de la honestidad brutal. Así que nunca le digas a una chica si alguna vez pensó en hacerse las gomas, que su blog es una mierda feminista o que su carrera es una boludes. ¡Ayyyy! No hay nada peor que te pregunten “¿Se estudia para eso?”. ¡Si, fooorro! ¿Y vos a qué te dedicás? ¿Física cuántica? ¿Astronauta? ¿Salvas chicos desnutridos en el África? ¡No! El señorito es músico profesional. Andate a lavar el or.....

10. Dejá los apodos para más adelante: Gorda, gordi, feis, pupu, etc. Esos son todos apodos que al momento en que los pronuncian al 98 % de las mujeres se nos cierra automáticamente. Más si la relación está en sus estadíos iniciales. Esos son nombres genéricos que le sacan autenticidad al proceso. Además, siendo realistas, si después se van a borrar más rápido que el Correcaminos ¿para qué se hacen los tiernos? Eso no suaviza la caída. IMPORTANTE: NO ENVÍES MENSAJES REVIVIDORES DE MUERTOS. No hay nada peor para una mina que recibir un mensaje de estos después de meses de no saber nada del flaco. “Gordaaaa, qué onda? Cómo va tanto tiempo?” ¿Querés saber cómo va? Como el orto va. Me pisó un colectivo y perdí el brazo derecho. Cómo me hice adicta a los calmantes para el dolor me echaron del laburo y encima se me murió el gato. ¿Vos todo bien, gordito? 

Bueno, espero que les haya servido esto que preparé. Si en algún momento se sintieron identificados no se preocupen. Los hombres pueden cambiar. Y si no pueden no se hagan drama. Después de tantos años a su lado, las mujeres ya nos acostumbramos a ser decepcionadas.


Imagen: "The reader" (de Stephen Daldry)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Con la cabeza entre las piernas.






Si alguna vez mandaste un mensaje diciendo “¡Vamos las putas! No van a ser tías.” lamento decirte que: a) sos una boluda que no puede seguir un caminito de pastillas; b) estás haciendo las cosas mal. Muy mal. En realidad, mordés la banquina y te llevas el guardarrail puesto. Así de mal es que estás haciendo las cosas. Igual, ¿quién soy yo para juzgarte? Todos nos equivocamos. Los errores son parte de la vida. No me parece muy justo pero no hay nada que se pueda hacer. Es una ley universal y por ende incuestionable. En el Carrera de Mentes iría dentro de las preguntas de Cultura General y llevaría opciones de respuesta para los más lentos: “¿La gente se manda cagadas? Si/ No”. El problema es que…

“Flaca, ¿Querés porro?”, me dice un tipo. Porque no era ni un pibe, ni un flaco, ni un panecillo. Era un tipo con todas las letras. Yo pienso: ¿No ves que estoy ocupada, mierda? Me cortas la inspiración. “No, gracias. No fumo”. Y sí, te lo digo con un pucho en la mano. Reflexión interna: No me molestes. No ves que estoy mal. No estoy pasando por un buen momento. Es un domingo a las cuatro de la tarde. Debería estar tirada en la cama un buen choma todo tatuado y, en lugar de eso, estoy en el medio de una plaza gigante rodeada de parejitas al sol tomando mate y  yo en la sombra, cagándome de frío y más sola que alíen de tres tetas con lepra. ¿Qué es lo que pensás? No flaco, no me voy a ir con vos. No estoy tan desesperada. Bueno, si lo estoy pero no creo que se note tanto.

Volvamos al tema que nos compete. Como decía, todos nos equivocamos. El problema es que algunas personas pensamos con la cabeza entre las piernas. Nos dedicamos a idear  boludeses y llevarlas a la práctica. Y ni hablar de lo que pasa cuando todos los boludos nos juntamos. Pueden salir cosas tremendas de ahí. Es como que tenemos un imán. Los boludos nos juntamos con los boludos no tanto para sentirnos menos boludos en comparación con el resto, sino para saber que no somos los únicos. Es que es necesario tener alguien al lado tuyo cuando dudas en mandar un mensaje de texto para que esa persona le dé al “eviar” y lo envíe sin autorización, aprovechando un momento de distracción en el que te quedaste mirando una pelusa flotando en el aire. Y después, cuando no te contestan el mensaje porque en realidad no le gustas y nunca le gustastes y él está con otra mina de flequillito y gomas grandes que está mucho más buena que vos, esta persona, esta boluda que tenés al lado va a pensar posibles razones justificadoras de por qué no te respondieron en lugar de decirte: “¿Sabés qué, flaca? Sos patética. Cuanto antes lo aceptes mejor para todos”. Igual el error fue tuyo. No solo por mandar ese mensaje (me acuerdo y me das vergüenza ajena) sino porque tus supuestas autodenominadas amigas piensan con la cabeza entre las piernas y vos conociendo sus experiencias pasadas y teniendo información de primera mano de que nunca en su vida pegaron una, les hiciste caso. Eso ya es, y perdón por el lenguaje, pensar con el culo.


Imagen: "The seven year itch" (de Dilly Wilder)