Entro arrastrando los pies. Se escuchan las pisadas de las
zapatillas sobre la piedra partida. No quiero estar acá. Cuando las cosas
empiezan mal, solamente queda que empeoren pero siempre termino haciendo lo que
ella quiere. Está sentada en la otra punta de la plaza, en un banco viejo,
leyendo un libro. Me ve llegar y levanta la mirada. Me sonríe. Necesito
acordarme que la odio. Me paro frente a ella con las manos en los bolcillos y
le digo:
- Acá estoy. ¿De qué querías hablar?-
- Primero “Hola” ¿No?- Ella me mira pero yo no digo nada.
Tampoco aparto la vista. La miro fijo, esperando una respuesta. -No sé. De
nada. O de todo.- me dice.
- ¿Para qué me hiciste venir?- le pregunto.
-¿Tenías algo mejor que hacer?-
Pensé en mentirle pero ella me conoce demasiado bien.
- No, pero eso no tiene nada que ver.-
-Tiene todo que ver. Si tenías algún lugar mejor donde
estar, esto es una mierda. Si lo único que tenías para hacer era quedarte
tirado en la oscuridad mirando el techo y sintiendo lástima de vos mismo, esto
es bastante mejor, ¿No?-
Lo pienso dos veces y me siento al lado suyo. Me llega su
perfume. Ya sabía que era un error. No tendría que haber hecho esto. Estoy yendo
directamente a donde ella quería. Nos quedamos en silencio un rato. Espero que
hable, pero no dice nada. Parece asustada. Entonces me preocupo.
- ¿Estás bien? ¿Te
pasó algo?- le pregunto.
- ¿Qué me va a pasar?- Responde ella con soberbia. Le
encanta ese juego.
-¡La puta madre! Sabes que odio que me respondas con
preguntas. ¿Por qué nunca decís las cosas?-
-¿Qué te hace pensar que tengo algo para decir?-
-Basta. Me voy.-
Me levanto decidido. Estoy seguro. Por un
segundo pienso que por fin está todo terminado hasta que ella me agarra de
la mano. Las piernas me tiemblan.
- No, no te vayas. Perdoname. Es que no sé qué decirte. No
estoy bien-
Ella nunca se mostraba así, vulnerable. Ni siquiera un poco.
Eso me intriga. Hace que quiera quedarme.
-¿Entonces por qué me hiciste venir?-
-Encontré el video que hiciste y no sé, me dieron ganas de verte.-
Da vuelta la cara y me mira de una forma que yo conozco. Sonríe por encima del hombro y afina los ojos. Ahí puedo ver ese dejo de
maldad que ella tiene adentro. Vuelvo a odiarla. Quizás un poco más que antes.
– ¿No me extrañás
aunque sea un poco?- me pregunta con una dulzura falsa. Apoya su pera en mi
hombro y me mira fijo. Me quiere hacer flaquear.
- Si, pero cada vez menos.- le respondo y me paro.
Ella casi pierde la calma. En lugar de decir algo deja salir
una carcajada.
-¡Jajaja! ¿Sabes qué? No te creo nada. Nunca fue lo tuyo
hacerte el malo.-
- No, eso te lo dejo a vos.-
Me está afectando la cabeza pero no quiero demostrarselo.
-¿Qué? ¿Ya no te pasa nada cuando me ves?- pregunta ella.
Recordé lo manipuladora que es. Toda una psicópata.
- ¿Para qué querés
saberlo?-
-Responde la pregunta. ¿Qué sentís cuando me ves? Decime
eso.-
-Un poco de lástima.- Justo ahí. Donde más
le duele. Es lo peor que le puedo decir. Ella aprieta la mandíbula y mira para un
costado. Casi se le escapa una lágrima.
-Vos no sabes a quien tenés adelante. Nunca vas a encontrar
a una mina como yo.- Se inclina para atrás y apoya los codos en el respaldo del
banco. Tiene esa mirada sobradora.
-¿Vos decís? ¿Cómo podes ser tan creída? No sé cómo haces
para bancarte a vos misma.-
- Jajaja. ¿Ahora tener amor propio es ser creído? Además, si
no me quiero yo ¿quién me va a querer?-
-Vos no sabés querer.-
- No es tanto un tema de saber, sino de querer hacerlo. No
creer en el amor tiene algo, un no sé qué liberador.-
-¿Entonces qué estamos haciendo acá?-
- No sé. ¿Charlar?- dice con una risita sobradora.
No quiero sentarme a escuchar esto. Acá no queda nada. Lo
que sea que hubo murió. Prendo un cigarrillo y me voy tranquilo. Es la primera
vez que le doy la espalda. Se siente bien. Ella queda con la boca abierta, sentada
sola en el banco. Sé que me sigue con la mirada pero no se mueve. Ella no va
atrás de nadie. Yo sé que no me va a buscar. Igual me voy. Mejor así.
Imagen: "Hace mucho que te quiero" (de Philippe Claudel).
Imagen: "Hace mucho que te quiero" (de Philippe Claudel).

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