miércoles, 12 de diciembre de 2012

Intertextualidad Emocional III


Maga:

La verdad es que no sé por qué estoy haciendo esto. Me siento un imbécil. Esta carta fue más un impulso que un deseo, como todo lo que hago siempre. Necesitaba darle algo parecido a  un cierre a todo esto que no tiene ni pies ni cabeza. Quería decir todo eso que entre tantos gritos, tanta puteada y tanto orgullo herido nunca te pude decir. Pero ahora no sé. Me parece tonto. Igual lo hago porque como sabes me encanta el sin sentido y porque, por más de que los no lo quieras escuchar, hay cosas que aunque ya sabés yo necesito decirte.
 Desde el principio vos sabías que yo era así. Siempre te dije que no era para vos y que solo estaba mejor. Nunca soporté a tus amigas, no me interesaban tus problemas en el instituto y prefería respirar mercurio antes que ir a casa de tu familia. Pero creo que también tenés que saber que no siempre soy lo que muchas veces parecí ser. Y que cada vez que te lastime me dolió más a mí que a vos. Pero nunca lo pude evitar. Vos bien lo dijiste: el amor no siempre alcanza. Y bien sabemos que ni yo ni vos juntos somos suficiente.
También quiero que sepas que si no te devuelvo los discos de tu vieja no es porque quiera lastimarte sino que es porque cada vez que apoyo la púa del tocadiscos sobre ellos ese chillido molesto me hace pensar en vos. Irónico ¿no? ¿Coincidencia? Quizás. De una forma u otra me hacen acordar a cuando te sentabas en camiseta y shorts gastados los domingos en el balcón a escucharlos mientras los reacomodabas en la caja. A veces por orden alfabético, otras por género. Incluso por cantidad de canciones que tenían. ¿Viste como sí te presto atención? Creo que tus TOCs son lo que más odio y también lo que más voy a extrañar.
Ahora voy a dejar de escribir porque estoy perdiendo filtro y control de lo que digo. Todavía sigo preguntándome que es lo que pretendo con esto. Sé que no quiero que vuelvas y aunque lo quisiera vos no lo harías. Pero supongo que también es porque quiero que sepas que aunque me arruinaste la vida, gracias a sus putos caprichos, siempre vas a ser lo mejor de ella.


Javier.



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