miércoles, 15 de mayo de 2013

Así empieza el fin.


Martín arrastra los pies por la avenida pateando la basura y el polvo invisible. Alrededor la gente corre contra reloj. Él va desganado. Casi que no puede pensar. Suspira hondo. Mentira. Sí puede pensar. Eso nunca se agota. Repasa su historia una y otra vez tratando de darse cuenta dónde es que se le fue todo de las manos. Se acuerda de cuando conoció a Carla, de cómo empezaron a ser amigos  y  de cuándo eso ya no alcanzó. A veces se pregunta qué hubiese pasado si entre una cosa y otra no hubiese sido tan cagón. Odia esa sensación. La de “qué hubiese pasado si…”. Esas veces, las que piensa en eso, le agarra remordimiento y se entra a dar la cabeza contra la pared. No es que esté loco sino que simplemente se quiere morir. Vive de especulaciones. Tratando de entre leer lo que ella hace, buscando señales en cada cosa que dice, encontrándole un sentido oculto a todo. Y no. Carla es solo eso. Una amiga y nada más. Cuando lo abraza, simplemente lo abraza. Cuando apoya la cabeza en sus piernas mientras miran una película, solo apoya la cabeza en sus piernas mientras miran una película. Y cuando le  dice que es su mejor amigo, tan solo le dice que es su mejor amigo… ¿O quizás no? Martín se pierde en estos tipos de razonamientos a diario. Tanto es así que sigue dos cuadras de largo y tiene que retomar por Av. Corrientes. Camina y camina hasta que se encuentra con un local de discos, libros y porquerías viejas. Entra y va hasta el mostrador.

-Hola, ¿qué tal? Vengo a buscar una billetera que se olvidaron el otro día acá.-

De atrás de una revista se asoma una cara pálida, de pelo lacio castaño y pecas rojizas. Ojos verdes y cejas perfectas.  Lo mira con escepticismo y responde:

-Vos no sos Carla.-
-Emm. No, claramente no. Soy Martín, un amigo de Carla. Vengo a buscar la billetera que se olvi…-
-Sí, eso ya lo dijiste. Y no se la olvidó. La encontré abajo de aquel anaquel. Se ve que fue a parar ahí cuando se cayó.-
-¿Quién se cayó?-
-Carla. ¿Quién más? Te cuesta un poco, ¿no?-

La chica lo mira desafiante y un poco aburrida también. Pareciese que no tuviera problemas con él puntualmente. Más bien es un tema con el mundo. Martín la mira de arriba abajo. Está vestida raro y tiene un perfume extraño, como a… No es que sea feo. Al contrario. Es como..como..como curioso. Se da cuenta que hace un minuto que la mira fijo y ella ya está empezando a incomodarse.

-Jaja. Sí. A veces me taro. Soy Martín.-
-Eso también ya lo dijiste.-
-¿Y vos como te llamás?-
-Anna.-
- Ah, ¡mira vos! No tenés cara de Anna.
-¿Y por qué no?
- No sé. Es como…-
-¿Viejo?-
-No, ana - crónico, jajaja.-
-¡Ja! Qué ingenioso lo tuyo…Tomá. Acá está la billetera.-

Martín quiere hacer un agujero en el piso, meterse ahí adentro y no salir más.

-Ehh, buenismo. Gracias. ¡Chau!-

Anna no le devuelve el saludo. Mueve la cabeza en señal de afirmación y lo sigue con la mirada para asegurarse que salga del local. Martín camina por entre los stands de libros y discos pero algo llama su atención. Entonces para. Anna resopla y revolea los ojos. Está perdiendo la paciencia.

-¿Este cuanto está?
-$300.-
-¡$300! Te hago una pregunta, ¿está hecho de oro?-

Anna sale de atrás del mostrador y camina hacia Martín dispuesta a hacer la venta.

-¿Sabés lo que pasa? Es importado. Como son originales son más caros. Además no sé qué tan familiarizado estás con la banda pero esta fue una especie de edición limitada, por decirlo de alguna manera, con lo cual salen más, obvio.-

-Ahhh, y te hago una pregunta más. ¿A todos los clientes los chamullas tan asquerosamente? ¿O lo hacés solo conmigo porque te diste cuenta de que me cuesta?-

Anna apunta su mirada directamente a la sonrisa gigante de Martín y no puede contener una carcajada nerviosa que la agarra de sorpresa.

-Jajaja. Bueno, está bien. ¿Qué te parece si hacemos lo siguiente? Ahí atrás tengo un tocadiscos. Te dejo escuchar la grabación completa. Si te gusta te lo llevás. Para que veas lo buena que soy.-

Martín sabe leer el sarcasmo en su tono de voz. Sin embargo, puede ver qué, a través de las grietas del cascarón de Anna, se asoma una simpatía rara, de esas que no todo el mundo tiene el lujo de ver.

-Bueno, dale. Pero ya te digo que no tengo $300.-
-No importa. Si te gusta te lo guardo y lo venís a buscar cuando tengas la plata. O lo vas pagando en cuotas, como vos quieras. Me quedo con la billetera de tu amiga como seña, jaja.-

Ella pone el disco y arrima una silla junto a la suya. Se sienta  y lo mira a Martín, esperando a que la imite. Él duda un poco. Las cosas dieron un giro inesperado ¿Y eso es malo? Pasa al otro lado del mostrador y se sienta al lado de Anna. Ella saca una lata vieja de un maletín marrón gastado y la abre. Saca tabaco, lillos y empieza a armar un cigarrillo. Martín le pregunta por qué fuma pasto y Anna le explica que no le gustan los cigarrillos ya armados porque son antinaturales y tóxicos, como todo lo moderno. Alguien normal hubiese salido corriente ante ese comentario, pero Martín está fascinado. Hay todo un mundo dentro de esa cabeza que lo hace perderse. Es como si el tiempo se tornase una materia amorfa suspendida en el espacio. Lo miran levitar a su alrededor como si fuera una burbuja. Adentro están ellos y su atemporalidad. Afuera el caos y la anarquía de la ciudad. Adentro, Anna. Afuera, la barbarie de los pensamientos de Martín. La púa llega al final de la última pista y se da cuenta de que es hora de volver al mundo real.

- ¡Uy! ¿Qué hora es?-
-Mmm, no sé. No me gustan los relojes.-

Martín la mira extrañado. Es tan… tan..tan algo.

-Bueno, ¿te gustó?-
-Mucho…Pará. ¿De qué me hablás?-
-Del disco.  ¿Qué más si no?-
- Sí, sí. Me gustó. Pero no tengo la plata acá. Y no debería. Economía de guerra.-

Anna piensa antes de hablar.

-Bueno, no importa. Llevatelo igual.-
-Noo. ¿Cómo me lo voy a llevar? Estás loca. Te van a Matar.-
-No pasa nada.-
- No, no, no, Anna. Te lo re agradezco pero no. No da.-
- Te digo que no pasa nada. ¿No escuchás?-
- Fuera de joda, no.-
- ¡Pero que no pasa nada, pibe! Era de mi vieja. ¡Yo lo puse acá para vender! Y quiero que lo tengas. Dale, hacelo como un favor para mí. Es mejor que te lo lleves vos a un boludo cualquiera que después lo hace reloj o alguna boludez así.-

Martín la mira fijo. Si lo acepta, ya está. La conversación termina ahí. Tiene que agarrar el coso e irse. Pero si sigue “que sí, que no” puede robar unos minutos más. ¿Su boludez no tiene límites acaso? Anna lo mira expectante e impaciente a la vez.

-Bueno, me lo voy a llevar.-
-Buenísimo.-
-Pero tenés que salir conmigo para eso.-

Eso la agarra desprevenida.

-¿Qué?-
-Sí. Acepto tu regalo si vos aceptas salir conmigo.-
-Bueno.-

Anna se pregunta de dónde salió esa respuesta tan firme, tan decidida, tan no ella. Martín abre los ojos al máximo que dan sus parpados.

-¿En serio?-
-Sí. Aunque la forma de pedírmelo fue muy goma. Dale, hagamos algo. No te paso mi teléfono porque, bueno, porque no tengo.-
-Te vengo a buscar mañana cuando salís de acá y vamos a tomar algo. ¿A qué hora?-
-Que pregunta difícil. Ponele que a eso de las siete y media, creo.-

Martín la vuelve a mira extrañado. Es tan… tan..tan algo. Se despide y sale del local. Camina por Corrientes con el disco abajo del brazo y los ojos cerrados. Los abre y todo se ve diferente. 

5 comentarios:

  1. Saldremos a buscar a Ana por la calle corrientes entonces, es lindo cuando la gente se enamora de tus personajes no?

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    1. Sí. Quizás debería aprender un poco más de ellos, ¿no?

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  3. Si lo creás es porque en algun lado está, mas que aprender habría que dejarlos ser. Felicitaciones de nuevo

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