Nací el 14 de mayo de 1989. Hablando de coincidencias, el destino y toda la mar en coche, llegué a este mundo el mismo día que el pueblo argentino eligió por primera vez a Carlos Primero de Anillaco. Las señales estaban por todos lados y nadie las vio. Para ser exactos nací a la una del mediodía después de nueve horitas de parto. Complicada hasta para nacer la mina. Con mi fecha y hora en mano una amiga me contó que soy de Tauro con ascendente en Leo. ¿Qué tal, eh? ¡Chupate esa mandarina! Cuando le pregunté a mi amiga qué quería decir ese incesto zoológico me dijo que significa que soy especial. Sus palabras textuales fueron “Hay mucho carácter ahí”. Eso es tener clase y cintura para salir del embrollo. Muy finas palabras para decir que soy una histérica hincha pelotas.
El cruce de sucesos que
tuvieron lugar en mi nacimiento me llevó a pensar en la dicotomía entre destino
y coincidencia. ¿Qué es lo que hace que las cosas pasen de la forma en que
pasan? ¿Habrá sido el destino el que me retuvo casi medio día contra mi voluntad en el útero de mi vieja
para que yo nazca con esa combinación tan jodida de astros y así poderse lavar
las manos de mí? Es como si le hubiera pasado la bola a la astrología. Algo así
como: Ahhh, no sé, querida. ¡La mina es de Tauro ascendente en Leo! ¡Tema tuyo! ¿O en lugar del destino habrá
actuado la casualidad?
Este es un tema tomado siempre muy
a la ligera. Subyace en la sociedad el principio básico de que hay algo ahí
afuera que dirige nuestras vidas pero nadie se pregunta cómo y por qué lo hace ni cuándo va a dejar de
jodernos la existencia. Muchos hablan pero nadie se puso a pensar en lo que
implica. Qué estructuras mentales internalizadas se ponen en juego. Por eso me enferma cuando la gente, en un
patético intento por congraciarse con la vida, empiezan con pavadas como “Ay, sí, cuando te toca te toca. Es el
destino”. Además de ser una patada en los testículos de la literatura universal,
esta frase es una mentira que alimenta fantasías pseudoinfantiles que nos dicen
que hay algo místico e intangible que afecta nuestras vidas y que hay que
tenerle miedo porque en cuanto te das la vuelta te la manda a guardar. En ese
sentido a mí me hace acordar a Dios, el amor y Papá Noel.
Peores son los espiritualistas neófitos que
están en toda esta movida new age facebookera y postean frases tales como: “El destino es el que baraja las cartas, pero
nosotros los que las jugamos”. Bueno, que alguien le avise que a mí me
cagaron el ancho de espadas. Me fijé y en la cajita no está. Y después tenemos al
ama y señora de los lugares comunes: “El
destino es la ayuda que recibimos cuando hacemos que las cosas pasen”.
Quiero que el caradura que escribió esta frase dé ya la cara. ¿Qué se supone
que signifique eso? ¡¿Eh?! ¿Por qué el
ser humano se empeña en sostener esa mentira de que si uno trata las cosas
suceden? ¡No es verdad! Uno sale ahí, a la vida, se expone, corre el riesgo de
quedar como un boludo ¿y para qué? Justamente para eso. Para quedar como un
boludo. Si el destino es el que nos ayuda cuando la laburamos me parece que yo
estoy fuera de su zona de cobertura. O en realidad está muy ocupado ayudando a
los hijos de un volquete de mujeres fáciles que se empeñan en joderme la vida.
Tengo una historia para contarles.
Llamo a su capacidad de reflexión para determinar qué fenómenos del mundo
metafísico infra espiritual y cósmico intervinieron en este episodio. La
identidad de los protagonistas va a permanecer oculta para preservar la salud
mental e integridad moral de los mismos. Situación: una chica en su casa frente
a la computadora. Un chico en su casa frente a la computadora. Son conocidos
del ámbito académico. Charlita va charlita viene se enteran que la vida ya los
había cruzado una vez hace varios años en un contexto totalmente distinto. Ella
había perdido unos documentos en un local de una ciudad costera (no voy a decir
que esa ciudad era San Bernardo y que el local era un kiosko porque sería dar
mucha información). Él estaba trabajando
temporalmente en ese lugar y fue él el que encontró los objetos extraviados. Le
habló para devolvérselos y por esas cosas de la vida no fueran ellos quienes concretaron
la transacción del material. Tres años después se conocieron, se gustaron y
salieron. ¿Destino o casualidad?
Muy linda historia, ¿no? Escrita
para una película de Drew Barrymore y Ben Affleck. Sí, cuando me la contaron a
mí tampoco me cupo duda (¿cupo o cavió? ¿O es cavó?). Uno lee algo como esto y
dice “Es el destino, mierda carajo. Estaban hechos el uno para el otro”. ¿Y
habrá sido destino o casualidad que el pibe resultase ser un hijo de madre que
vende su cuerpo por dinero como todos los demás y que le haya jodido la vida y
la cabeza?[1] ¿O
será que ahí el destino lo estaba ayudando a él porque el destino también es
hombre y por ende un forro misógino? ¿Y cuál de estos dos fenómenos nos convirtieron
a nosotras, las mujeres, en perras frías y escépticas y nos enseñaron a no esperar más nada
de nadie?
[1] Sé
que se quedaron con ganas de conocer el final de la historia del chico y la
chica y el documento y bla, bla, bla,
pero no puedo hacer más declaraciones respecto al tema. Tengo las manos atadas.
¡Es mi última palabra, he dicho!

La mente humana tiene la grave falla de buscar conexiones en casi todo lo que experimenta y, a través de la auto-sugestión, convierte falacias en verdades. Todo esto con el objeto de vivir "en paz".
ResponderEliminarTodo está conectado de alguna manera, pero es sutil y no conlleva implicaciones dignas de una historia.
¿Pero qué se yo? Soy Piscis con ascendente Aries, con lo que vivo entre opuestos.