miércoles, 10 de octubre de 2012

Con la idea fija.


Mujeres y hombres del mundo, tengo una pregunta que hacerles. Opciones de respuesta: 1) si 2) no 3) ¿Qué carajo? Acá va el interrogante. Atajense este penal: ¿Sabían ustedes que una primera cita no implica necesariamente sexo? Channnnnn!
Hace poco descubrí la existencia de este mundo paralelo al que vengo viviendo en estos últimos siete años. Un universo distante con una serie de códigos totalmente distinto. Una dimensión en la que ir al departamento de un soltero no es sinónimo de matraca ni tampoco de ningún tipo de intercambio de flujos corporales. Nada de nada. De nada. Cuando volvía en el taxi con el corpiño aún puesto y los pelos sin revolver me sentí, no puedo decir que mal o decepcionada, pero sí desconcertada. No digo que sea bueno o malo tomarnos nuestro tiempo para conocer a la persona antes de intimar, sino que, bueno,  nunca antes lo había intentado. En medio de todo este viaje introspectivo llegué a la siguiente conclusión: soy muy put@. ¡Claramente! Si mi necesidad de sexo superaba a la de un hombre, utilizando los parámetros de medición de calentura socialmente aceptados, es que soy muy put@. Pero una vez que comenté lo sucedido en mi circulo cercado de amigas me di cuenta que la reacción de las demás era la misma. Entonces pensé: Ok,  las mujeres somos las muy put@s. Bueno, entonces no hay nada que pueda hacer. Es una consecuencia directa de pertenecer a este género que pasó de ser frígido a regalado y ahí no hay tu tía. ¿Pero es tan simple es la cosa? ¡No! Me niego a pensar que sea así. Entonces seguí con mi investigación. ¿Y qué hice? Lo hablé con mi “amigo”. Aprecio mucho su opinión en materia de sexo no solo porque tiene más puestas que sol sino porque una de esas puestas soy yo entonces tiene una opinión sumamente subjetiva de la cuestión que generalmente me hace sentir mejor. Claramente quedó más desconcertado que yo con la anécdota. Su respuesta fue: Vos sos muy put@ pero ese pibe es un raro. Si bien era lo que esperaba escuchar no quedé convencida con la explicación porque en realidad el pibe no parecía un raro. Más bien era un copado.  ¿Y a partir de qué lo estaba juzgando yo? A partir de mi ausencia total de moral, códigos y amor propio; de los desvaríos de las histéricas de manual que son mis amigas y de la opinión de un hombre que te mira a la cara y te dice “Convertirte en pizza”.  Con peligro de caer en el lugar común de las reflexiones a lo Carrie Bradshaw, llegué a preguntarme: ¿Debería el sexo ser algo central  en la nuestras vidas? ¿Por qué le damos un lugar tan importante en nuestra vinculación con otras personas?  ¿Los que esperan son asexuados o tienen las cosas más claras que el resto de nosotros?
 En este delirio que hemos llamado vida le demos un lugar primordial a la idea de “ponerl@”, concepto que implica coito sin emoción, afecto o conocimiento del nombre completo de la otra persona. Hemos desarrollado lo que se llama sexo recreativo. Casi que es un deporte. O un trámite, por qué no. ¿Cómo es eso? Sí. Es un entro y salgo (a veces demasiado literal).  Ahora bien, en pos de lograr esto hemos establecido también una serie de reglas que limitan la interacción entre los sujetos por fuera de la cama (ascensor, baño de un boliche, callejón, patio de un colegio agrónomo....cada uno con su fetiche). Reglas bolud@s que muchas veces terminan complicando más las cosas y se pierde así la esencia de lo que era en un principio. El sexo pasa de ser una descarga de energía a ser una fuente de stress. Entonces ahí se vuelve necesario llevar esto al extremo de la despersonalización y cosificar totalmente al prójimo. Ya lo había dicho Carlitos Marx: considerar a una persona como una cosa. En criollo: volverlo un pedazo de carne o esos muñequitos de goma que apretás para descargar tenciones (Sí, a mí también se me vino ESA imagen mental). Entonces podemos decir que la deshumanización es condición sine qua non para la desdramatización del sexo. Léase: Solo sos un palo donde afilar las garras y me chupas el ovario derecho. Esta es la forma en la que en la actualidad los humanos llevamos a cabo nuestras relaciones carnales. Con total desinterés y sin pasión.
Ahora bien, se puede dar la put@ mala casualidad de que te encuentres con alguien que no es así. Que su cabecita funciona de otra forma. Ahí se te queman todos los papeles y no sabes para donde salir disparada. ¿Es bueno? ¿Es malo? Habrá que darle la oportunidad. ¿Quizás estemos en presencia del casi extinto hombre racional y con sentimientos? ¿Puede ser que todavía haya esperanzas para la humanidad? ¿Será que hay alguien ahí afuera que vale la pena? Puede ser. Una vez que la pong@ les cuento.  


Imagen: "Saraband" (de Ingmar Bergman)

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