jueves, 4 de abril de 2013

Habemus pitos.


Estaba yo muy tranquila en el parque trabajando en un proyecto cinematográfico (??) cuando un amigo, que no es el amigo del que les hablo siempre sino un amigo totalmente diferente (que en realidad ni siquiera es tan amigo. Es más bien una relación amor – odio), me hace el siguiente comentario: “Tengo algo que te puede servir para Reflexiones de Bidet. Tengo la teoría de que los hombres que tienen el pito grande son más seguros a la hora de encarar. Escribí sobre eso.” Bueno, en principio me pareció una buena idea. Lo primero que analicé fue por qué mi amigo estaba pensando tanto en pitos pero después me puse a revisar su teoría y desarrollé un algoritmo que me permitiera determinar la relación directamente proporcional entre las dimensiones de los miembros masculinos (es decir, los pitos) y el grado de confianza de quienes son sus portadores (léase los hombres que llevan dichos pitos). Todo esto me sirvió para darme cuenta de que más interesante que hablar sobre relación pitos - confianza era hablar sobre la importancia que los hombres les dan a los pitos y a los tamaños de los mismos.
Suena como un tema trillado pero al parecer para ellos aún no se ha dicho la última palabra porque siguen sacándolo a colación cada vez que tienen la oportunidad. Sinceramente es preocupante el tiempo que los hombres pasan pensando, hablando y midiendo pitos. A ver, dejemos algo en claro. A los únicos a los que les importa es a ustedes. Las mujeres no queremos hablar de pitos. Ya muchas lo dijeron. Los pitos son feos. Así que, Mengolini, dejá de pedir pitos en la tele. Ninguna mujer quiere ver un pito por voluntad propia. Es algo que soportamos, no que elegimos. Y hombres, por favor, no pregunten más si es mejor que el pito sea grande o chico, fino o grueso. Ya no sabemos cómo explicárselos. NO. ESO IMPORTA UN CARAJO. A diferencia de ustedes,  las mujeres no somos neandertales y en nuestro caso median muchas cosas a la hora de c#ger además del diámetro de un pito. Cosas que quizás escapen a su entendimiento.
Creo que su interés en los pitos en general se debe a una necesidad de reivindicar constantemente su sexualidad en una sociedad que lentamente los ha convertido en las nuevas minitas. De ahí que agarren con tanta fuerza, violencia y seguridad el control remoto  y no lo sueltan más. En su mente es una suerte de extensión peneana que convierte a su miembro, esto es, al pito, en un dispositivo de dimensiones estelares casi infinito que traspasa la barrera del sonido. Chicos, you wish. Sueltenlo de una vez y déjennos elegir algo para mirar en vez de estar naufragando erráticamente por los mares del zapping. ¿Qué es esto de poder votar y no de elegirla la programación del domingo? ¡Pero por favor!
En fin, espero que esto haya dejado algunas cosas en claro. Básicamente lo que digo es que es imposible conocer la relación entre el tamaño del pito y el grado de seguridad para encarar que puede llega a tener la persona que tenga ese pito. Y si fuese posible de conocer dicha relación no sería una mujer quién analizase ese dilema.

Nota al pie: Usé veinte veces la palabra pito. Las conté.


No hay comentarios:

Publicar un comentario