Es culpa de los silencios acumulados entre
nosotras. Cuando las cosas no se dejan atrás siempre quedan dando vueltas en el
pecho hasta que alguna idiotez, como una pila platos sucios que alguien
prometió lavar y nunca lo hizo, nos hace vomitarlas. No hay nada peor que
llegar al hogar cansada por la rutina laboral para encontrarse con un rostro
enojado y un testamento de reproches que nada tienen que ver con nada. Y esos
planteos, esas discusiones sobre platos sucios, camas sin hacer y salidas después
de la oficina, son pantallas de otras cosas. Cosas de las que nunca se hablan.
Ni en la casa ni en ningún lado. Cosas que se rompieron hace tiempo y que ya no
se van a arreglar. Esto también pasa cuando hay mucho amor. Aunque eso no es
suficiente para que las cosas funcionen. Es más, tiende a empeorar las
situaciones. Porque cuando hay amor se siente que también hay derecho de exigir
al otro ser lo que no es.
Ahora ella se levanta. Se arregla la ropa y se
va hacia la habitación. Quiere dar un portazo pero la puerta se traba con la alfombra.
Entonces la patea en seco. A todos nos gusta un poco el drama. Hasta a los más
prolijos. ¿Qué queda por hacer entonces? No mucho. O se hablan esas cosas o se
guardan hasta que uno se atraganta con ellas y casi ya no puede respirar. Es
entonces cuando alguien explota. Esta vez fue ella. Agarró el bolso, guardó
cuatro cosas en él y se fue dando un portazo. No sin antes prometer que nunca
más en su vida iba a volver. ¿Y qué hago yo? Nada. Me quedo mirando cómo se va
y empiezo a imaginar la vida sola, la
casa sola, las noches solas y la pila de platos sucios que voy a tener cuando
llegue el final de la semana.

written by yourself?
ResponderEliminarObviously!! Original, original !!
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